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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1674

...

Héctor estaba de espaldas, así que Gilda no podía ver la expresión de su rostro.

Pero la chica frente a él sonreía de oreja a oreja, con los ojos entrecerrados por la alegría.

Era evidente que estaba encantada.

Gilda frunció los labios, dejó de mirarlos y caminó directamente hacia el salón privado de al lado.

Apenas dio un paso lejos, la sonrisa de Alondra Valeriano se congeló.

Miró a Héctor incrédula, y preguntó llena de confusión:

—Héctor, ¿qué quieres decir?

¿A qué se refería con que se estaba alegrando demasiado pronto?

—¿Te gusto? —Héctor se sentó frente a ella y fue directo al grano.

—¿Eh?

Alondra no esperaba que él fuera tan directo; su rostro enrojeció al instante y bajó la mirada con timidez:

—Si no me gustaras, no habría aceptado la cita que organizaron nuestras familias.

Aunque casi no habían pasado tiempo juntos, se conocían desde pequeños.

Y ella siempre lo había observado en secreto.

—Qué lástima —Héctor levantó la mirada, tratando de mantener un tono neutro—. Porque a mí no me gustas.

La sonrisa de Alondra desapareció por completo y sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Te lo digo en serio, no me gustas —dijo Héctor, con paciencia—. Las cosas a la fuerza no funcionan. Si de verdad nos casáramos, nunca serías feliz.

»Como no te amo, no te tocaría y tendrías que dormir en una cama vacía.

»Con el tiempo, te llenarías de celos, pelearías conmigo, me armarías escándalos y te convertirías en una loca celosa...

—¿Y tú cómo sabes que reaccionaría así? —Alondra apretó los dientes y lo cuestionó.

—¿Acaso no es así como pasa en las telenovelas? —Héctor se encogió de hombros con una sonrisa perezosa—. No quiero hacerte perder el tiempo y tampoco quiero que me lo hagas perder a mí.

»Acepté venir hoy solo para dejarte las cosas claras. No desperdicies tu juventud conmigo.

»¿Tienes algo más que decir?

Héctor se quedó mirando a Alondra. Al ver que ella no respondía, se puso de pie:

—Si no hay nada más, me retiro.

—¡Héctor!

—No te preocupes. Yo jamás aceptaré a cualquier mujerzuela que se haya encontrado por ahí.

»Te conozco desde que eras niña, sé perfectamente qué clase de mujer maravillosa eres.

»Dime la verdad —dijo Elvia en tono suave—, ¿tú qué piensas de todo esto?

—La verdad es que Héctor sí me gusta mucho, es solo que... —Alondra dudó.

—Con escuchar eso me basta para estar tranquila —suspiró Elvia aliviada—. Héctor tiene los ojos vendados en este momento, pero yo me encargaré de que se dé cuenta de la realidad.

—Gracias, señora Elvia.

Al colgar, Alondra se subió a su auto deportivo. Se limpió las lágrimas, recuperó la compostura y llamó a su mejor amiga.

—Héctor tiene a alguien que le gusta. ¿Puedes averiguar quién es?

»Por lo que dijo la señora Elvia, debe ser una cualquiera que no está a la altura.

»De todas formas, investígala. Quiero ver qué tiene esa tipa para tenerlo tan embobado.

Su amiga se rio desde la otra línea:

—Si te dijo que no le gustas, ¿no piensas rendirte?

—¿Rendirme? —Alondra soltó una risa altanera—. Desde que era pequeña, jamás he dejado ir algo que quiero.

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