[¿Hola?]
Cuando Rogelio recibió el mensaje de la chica, estaba en medio de una videoconferencia internacional. Los altos ejecutivos, que estaban siendo reprendidos duramente, mantenían la cabeza gacha, sin atreverse a respirar con fuerza. En la sala de conferencias, con capacidad para mil personas, la atmósfera era sumamente tensa.
En ese momento, un sonido claro rompió el silencio de la sala. Al instante, todos levantaron la vista de golpe. ¿Quién era el suicida que se atrevía a tener el sonido activado en una reunión del señor Rogelio? Tras un rápido vistazo, sus ojos se fijaron en el hombre que presidía la mesa. Allí estaba, impecablemente vestido con un traje y emanando un aura gélida, pero ahora sostenía su teléfono con una leve curvatura en las cejas y una ligera sonrisa en los labios. Claramente, estaba sonriendo.
¿Qué? Seguramente las reprimendas les estaban causando alucinaciones, ¿cómo era posible que vieran al señor Rogelio sonreír? ¡Era la primera vez que lo veían hacerlo! ¿Quién sería la persona del mensaje?
—La reunión ha terminado.
Rogelio se puso de pie y, sin dudarlo, abandonó la sala, dejando atrás a todos los ejecutivos.
Ellos se quedaron perplejos. ¿El jefe se iba así nada más? ¡Todavía tenían muchos asuntos importantes que reportar!
—¡Rogelio acaba de sonreír! —intervino alguien, en voz baja—. ¡Seguro que es una chica!
—¿Estás diciendo que nuestro jefe tiene novia?
—Entonces hay que averiguar quién es la futura señora de la casa. Hay que empezar a halagarla desde ahora, así cuando se enoje, le podemos pedir a ella que lo llame para calmarlo.
Un ejecutivo se dio unas palmaditas en el pecho y respiró hondo.
—Si esto sigue así, mi corazón no va a aguantar.
—Quién sabe qué dama de sociedad logró derretir el corazón de nuestro presidente de hielo.
—
Al salir de la sala de reuniones, Rogelio le respondió a Aldana:
[¿Qué pasa?]
Era la primera vez que la muchacha lo buscaba por iniciativa propia. La sonrisa en el apuesto rostro del hombre era incontenible.
Aldana: [Tengo un problemita y necesito que venga un adulto, ¿me ayudas?]
Apenas había empezado la escuela y no quería preocupar a Serena. Pero si no llamaba a un tutor, no podría justificar su ausencia ante Andrea. Qué fastidio.
[Claro, dame la dirección.]

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector