Sombra: [¿Amiga?]
¿Desde cuándo Aldana tenía amigas?
Aldana apretó los dedos sobre el teléfono, fingiendo calma.
Aldana: [Sí, mi amiga]
Mintió sin sonrojarse ni un poco.
Sombra: [Ah, bueno. Cuéntame entonces]
Era poco probable que Aldana se involucrara con un hombre. Con su carácter, ya era mucho que no le arrancara la cabeza.
Aldana: [El chico es muy bueno con mi amiga. La invita a comer, la lleva a casa, siempre está cerca de ella]
Sombra: [¿Es guapo?]
Aldana lo pensó un momento.
Aldana: [Supongo que sí]
De todos los hombres que conocía, Rogelio era sin duda el más atractivo.
Sombra: [¿Es mayor?]
¿Mayor?
Aldana reflexionó sobre la pregunta por unos segundos antes de responder.
Aldana: [Bueno, bastante viejo, diría yo]
Rogelio tenía veintisiete años, casi diez más que ella. ¿Cómo no iba a ser mayor?
Sombra: [Aparte de eso, ¿algún otro comportamiento extraño?]
Aldana: [Le gusta comprarle dulces a mi amiga]
Sombra: [¿A tu amiga también le gustan los dulces?]
Aldana: [Sí]
Sombra: [¿Es mayor, dices? Un hombre mayor al que le gusta comprar dulces... No es nada. Probablemente solo es un adulto consintiendo a alguien más joven.]
¿Así que era eso?
Cuando su abuelo vivía, también le encantaba comprarle dulces.
Con razón no le desagradaba Rogelio. Resulta que se parecía a su abuelo.
Sombra: [Hay problemas en el casino, tengo que ir a resolverlos. Si tienes otra pregunta, me dices. ¡Besitos!]
Fin de la conversación.
Aldana sacó los dulces que le dio Rogelio y comenzó a comerlos con la conciencia tranquila.
Él le regalaba dulces, ella le regalaría joyas. Era justo.

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