Ella sonrió levemente y contestó:
—Buenos días, don Carlos.
Le dio la dirección de la editorial al chofer. Aunque el lugar no quedaba de paso para la empresa, Octavio accedió a llevarla.
Eso la hizo sentir algo halagada e incrédula.
La directora Julia la presentó personalmente con el equipo. Como todos sabían que venía recomendada por ella, la trataron muy bien y fueron amables.
Al no tener experiencia, su primer día consistió básicamente en sacar copias y hacer mandados. Cuando llegó la hora de salida, sintió que en realidad no había hecho gran cosa.
...
El día de la gran fiesta por los ochenta años de don Jonás, apenas amaneció, una muchacha le llevó a Magdalena a su recámara el vestido para el evento, junto con un juego de joyas hecho a la medida.
Aunque la fiesta era en la noche, Magdalena pidió el día en el trabajo.
Después de comer, Octavio y Beatriz se fueron al lugar del evento por adelantado.
En la noche, Fátima y Lázaro pasaron a la casa por el abuelo para llevarlo a la recepción.
Al escuchar pasos en la escalera, Lázaro volteó, con la mirada profunda y atenta.
Magdalena bajaba con su vestido de fiesta. Llevaba un diseño de un solo hombro con encaje en el dobladillo; la falda asimétrica flotaba suavemente a cada paso, dándole un aire etéreo y sumamente elegante.
Cuando terminó de bajar, Fátima se acercó con una sonrisa:
—Magda, te ves preciosa.
Magdalena tenía una figura envidiable, de cintura pequeña y piel radiante, por lo que cualquier cosa que se pusiera le lucía increíble.
Con ese vestido de alta costura, toda su presencia resaltaba, desprendiendo la gracia y tranquilidad de una verdadera señorita de buena familia.
En sus manos traía una caja de regalo cuadrada, el obsequio que le había preparado a don Jonás.
Se acercó y le tendió el paquete a su abuelo:

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