—Magda, ¿supe que estás trabajando en una editorial?
Llevaba unos aretes muy sencillos que no iban nada bien con su ropa.
Fátima se los quitó, buscó en el alhajero y le puso unos pendientes largos de color azul rey.
Magdalena se miró al espejo, casi sin reconocerse:
—Sí, de todos modos no tenía nada qué hacer en la casa.
Nunca se había arreglado de forma tan espectacular: un vestido de diseñador, un collar finísimo y unos aretes que valían una fortuna.
Al verse así, por fin le cayó el veinte de que era la heredera de los Sarmiento.
—Aun así, deberías haber entrado a nuestra empresa —Fátima no estaba de acuerdo con su decisión—. Afuera siempre hay roces, en cambio, si estás con nosotros, mi papá y yo no dejaremos que nadie se pase de listo contigo.
Aunque Fátima se casó con Lázaro, no se había ido a trabajar a la empresa de los Guzmán; prefirió quedarse en la Corporación Sarmiento como gerente del departamento de diseño.
Y decían que era buenísima en lo que hacía.
Magdalena sonrió y cambió el tema:
—Fátima, ¿cómo han sido las cosas para ti estos años?
Fátima, que se estaba empolvando la cara, detuvo la mano un instante y sus ojos se oscurecieron un poco, pero solo fue por un segundo.
Magdalena, entretenida acomodándose la pulsera, no se dio cuenta.
Fátima guardó el maquillaje y contestó con una sonrisa:
—Pues todo bien, salvo que a veces el trabajo me tiene muy ocupada.
En ese momento, Beatriz abrió la puerta. Al ver lo bien que lucía Magdalena, sonrió satisfecha, pero dudó al recordar a qué la había mandado Octavio.
Al ver que su mamá se quedaba callada, Magdalena preguntó:
—Mamá, ¿querías decirme algo?
Fátima, sin saber de qué se trataba, pensó que quizá no querían hablar frente a ella; sintió un ligero disgusto, pero siendo tan prudente como siempre, dejó su espejito en la mesa.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Casé con el que Pagó Mi Venganza