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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 196

Un sutil aroma a gel de baño, mezclado con un inconfundible olor masculino, inundó los sentidos de Magdalena.

Retrocedió un par de pasos para crear algo de distancia entre ambos. La esencia de Renato era demasiado abrumadora; tan fuerte, que la hizo recordar el aroma natural que emanaba cuando solían estar juntos.

Los ojos fríos de Renato la escanearon de arriba abajo. Al notar sus mejillas ligeramente ruborizadas y cómo esquivaba su mirada, levantó una ceja con evidente sorpresa.

—¿Fantaseando conmigo?

—Está diciendo tonterías —replicó ella, poniéndose roja hasta las orejas por la provocación.

Al ver su rostro sonrojado, él confirmó sus sospechas. Con una media sonrisa, añadió:

—No tienes que fantasear, eres bienvenida a lanzarte sobre mí cuando quieras.

Magdalena se quedó sin palabras.

Huyó despavorida hacia la cocina y se apoyó contra el fregadero, dándose suaves palmadas en las ardientes mejillas, aunque le fue imposible calmar los fuertes latidos de su corazón.

Al ver su tierna reacción, los delgados labios de Renato se curvaron en una sonrisa. El brillo en sus oscuros ojos delataba que estaba de excelente humor.

Magdalena respiró hondo, acarició su estómago vacío y se concentró en seguir cocinando.

Afuera, Renato se acomodó lánguidamente en el sofá con las piernas cruzadas. Escuchar los suaves ruidos que provenían de la cocina le produjo una extraña y cálida sensación, como si de verdad estuviera en casa.

Durante sus años de universidad, fantaseaba a menudo con la idea de regresar a casa después del trabajo y ver a la mujer que amaba preparándole la cena, esperándolo.

Pero después de que ella lo abandonara por otro hombre y se fuera lejos, había enterrado esos pensamientos para siempre.

Sin embargo, al ver la alegre silueta de Magdalena moviéndose por la cocina, aquella vieja fantasía volvió a despertar desde lo más profundo de su corazón.

Magdalena preparó cuatro platillos sencillos y una sopa para los tres. Llevó la comida a la mesa, y Renato fue a la cocina a buscar la vajilla para servir.

Al notar que solo traía dos platos, Magdalena preguntó confundida:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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