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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 197

Lo único que tenía claro era que deseaba poseerla. Era el instinto más primitivo y territorial de un hombre; el impulso visceral de no permitir que nadie más pusiera los ojos sobre lo que consideraba suyo.

Al escuchar a Renato preguntar por su tiempo en California, Magdalena guardó silencio. Esos tres años habían sido, sin lugar a dudas, la etapa más oscura y difícil de toda su vida.

Hubo momentos en los que llegó a pensar que, si muriera sola en ese rincón del mundo, absolutamente nadie se enteraría.

En retrospectiva, había sido increíblemente estúpida. Se hacía daño a sí misma, dejándose cicatrices emocionales irreparables, solo para intentar que Lázaro volviera a mirarla. Todo había sido en vano.

Renato observó su rostro pálido y recordó el informe de antecedentes que Camilo le había entregado. Magdalena y Lázaro Guzmán habían estado profundamente enamorados. Su relación se rompió únicamente porque él decidió casarse con Fátima Sarmiento.

Renato nunca le pidió a Camilo que investigara por qué Lázaro había tomado esa decisión repentina, pero, desde el punto de vista de un empresario, era evidente: casarse con la hija favorita de la familia Sarmiento le traería muchos más beneficios que casarse con la hija marginada.

No podía negar que Lázaro era brillante en los negocios. Bajo su mando, la empresa de su familia prosperaba día a día, pero a sus ojos, le faltaba crueldad.

Desde el primer día que Renato pisó el mundo empresarial, se tatuó una regla de oro en la mente: ser misericordioso con el enemigo es ser cruel con uno mismo.

Por esa razón, en el trabajo siempre había sido letal y resolutivo, jamás dándole a sus oponentes ni un segundo para respirar.

Después de la comida, Renato salió al balcón a fumar. Magdalena recogió la mesa, llevó los platos a la cocina y comenzó a lavarlos. Tras enjuagar la espuma del jabón y guardar todo en la alacena, regresó a la sala. Como se sentía demasiado llena, empezó a caminar por la habitación para facilitar la digestión.

Renato, apoyado contra la baranda del balcón con un cigarrillo en la mano, observaba a Magdalena dar vueltas por la habitación. Su mirada, siempre fría, se suavizó notablemente.

Ella tenía puestos los auriculares y deslizaba el dedo por la pantalla de su celular, probablemente escuchando música. De vez en cuando tarareaba en voz baja. La coleta de su cabello se mecía con cada paso, dándole un aire vibrante y lleno de vida.

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