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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 25

La mujer se detuvo en seco y bajó la cabeza, con un gesto de victimismo.

—Presidente Jiménez, de verdad que no fue a propósito...

Al escuchar el alboroto, Octavio se acercó rápidamente. Cuando vio la mancha en el traje de Renato y a la mujer disculpándose sin parar, entendió al instante lo que había pasado.

Como anfitrión, sentía una profunda vergüenza por el incidente.

—Presidente Jiménez, por favor, suba a una de las habitaciones de invitados para descansar un momento. Enseguida mandaré a alguien con ropa limpia.

Aunque Octavio le llevaba muchos años a Renato, la familia Jiménez era una de las más poderosas y acaudaladas de Valle Niebla, por lo que debía tratarlo con absoluto tacto.

Para mantener las apariencias frente a los demás, el tono de Octavio estaba lleno de disculpas, pero sin perder su dignidad ni sonar demasiado sumiso.

Magdalena dejó su copa y se acercó para ver qué ocurría. Antes de que pudiera entender bien la situación, escuchó a Octavio decir:

—Magda, acompaña al presidente Jiménez a la habitación de invitados.

Ella asintió mecánicamente, le dio un vistazo rápido al traje empapado de Renato y, con un gesto formal de la mano, le indicó el camino.

—Presidente Jiménez, por aquí, por favor.

Renato la siguió fuera del salón. Ella caminaba un par de pasos adelante y presionó con rapidez el botón del elevador.

Para su suerte, la cabina ya estaba en ese piso. Las puertas se abrieron con lentitud.

Ambos entraron; ella presionó el botón de subida y las puertas se cerraron de inmediato.

El silencio dentro del elevador era absoluto. Ella miró a Renato de reojo con disimulo.

Aunque su expresión seguía siendo tan indiferente como siempre, sus ojos oscuros reflejaban un palpable fastidio.

Ella pensó en buscar algún tema de conversación para romper el hielo, pero a pesar de que habían compartido la mayor intimidad posible entre dos personas, seguían siendo prácticamente unos extraños. Por más que le daba vueltas a su cabeza, no se le ocurría nada apropiado.

Después de que su relación llegó a ese nivel, Magdalena había buscado información sobre él en internet para tener al menos una idea superficial de quién era.

Era evidente que en ese momento estaba de muy mal humor. Si ella abría la boca y lo irritaba más, terminaría pagando los platos rotos.

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