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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 295

Magdalena observó de reojo al hombre que conducía en silencio. Con mucho tacto, le preguntó:

—¿Estás enojado?

Renato la miró con cierta sorpresa. Al notar el toque de nerviosismo en su rostro, comprendió a qué se refería con su 'enojo'.

Estiró la mano y le acarició la cabeza.

—No, solo estaba contestando una llamada.

Magdalena era inteligente, así que no insistió preguntando de quién era la llamada que le había arruinado el humor. Mientras su mente daba vueltas, Renato habló de repente.

—Las únicas personas que pueden hacerme enojar son aquellas que tienen cierto peso en mi vida. Gabriel Herrera no es más que alguien insignificante.

Ella sonrió suavemente y comentó como si nada.

—Entonces, la persona que te llamó y te puso de mal humor sí tiene mucho peso en tu vida, ¿no?

Renato la miró de reojo. Sus profundos ojos oscuros se clavaron en ella por un instante, mientras sus dedos tamborileaban rítmicamente sobre el volante.

Habló con calma, sin prisa:

—Magdalena, eres mi esposa. Si hay algo que quieras saber, puedes preguntármelo directamente. No me gustan estos juegos de pruebas que denotan desconfianza.

La expresión de Magdalena se tensó por un segundo, pero rápidamente lo disimuló, sintiendo una ola de vergüenza al verse descubierta.

Era verdad que había intentado tantear el terreno, pero nunca imaginó que él la leería tan fácilmente.

Giró el rostro, sintiéndose culpable, y empezó a buscar qué decir en su mente.

En ese momento, la voz profunda y característica de Renato resonó junto a su oído, con ese tono pausado que le era tan propio.

—Fue una llamada de mi madre.

Magdalena parpadeó sorprendida y se volvió a mirarlo.

Justo llegaron a un semáforo en rojo. El auto se detuvo y Renato también giró la cabeza para verla, con una mirada profunda y contenida.

—Así que no tienes de qué preocuparte.

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