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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 30

En el campo de golf.

Magdalena estaba sentada en la zona de descanso, abriendo una botella de agua con evidente aburrimiento para dar un pequeño trago.

Aunque el verano aún no estaba en su apogeo, el más mínimo esfuerzo físico ya hacía que pequeñas gotas de sudor perlaran en su frente.

A poca distancia, Octavio Sarmiento y un alto ejecutivo de otra empresa jugaban al golf con mucho entusiasmo.

Ambos tenían un nivel muy parecido. Llevaban dos horas jugando sin que hubiera un claro ganador.

Era sábado. Magdalena tenía planeado hacer una pequeña excursión de fin de semana con un par de compañeras del trabajo.

Pero la noche anterior, durante la cena, Octavio le había dicho que jugaría al golf con unos contactos de negocios y que quería que lo acompañara para «relajarse».

Magdalena no era tonta. Sabía perfectamente que Octavio no la habría llevado sin un motivo oculto.

Sin embargo, ya habían pasado dos horas y aún no descubría qué pretendía su padre.

Desde que llegaron al campo, Octavio y el vicepresidente Zárate habían intercambiado unas pocas palabras antes de empezar a jugar sin descanso. No parecían estar ahí para hablar de negocios; parecían estar ahí únicamente para jugar.

Como su habilidad para el golf era bastante mala y jugar sola no le divertía en absoluto, se había quedado sentada, navegando por las noticias en su celular.

Cuando levantó la vista de nuevo, vio que Octavio y el vicepresidente Zárate habían dejado de jugar y caminaban en dirección a otra persona.

Magdalena siguió su mirada.

El hombre que caminaba hacia ellos era Renato Jiménez.

Ese día, Renato vestía un impecable conjunto deportivo blanco y llevaba un palo de golf en la mano. Lo acompañaban dos o tres personas más.

A uno de ellos lo reconoció de inmediato: era un director de otra empresa al que había visto en la fiesta de cumpleaños de su abuelo.

Su calvicie era tan distintiva que lo recordaba a la perfección.

Después de que los dos grupos intercambiaran saludos formales, Octavio le hizo una seña a Magdalena para que se acercara. Ella caminó hacia ellos y le dedicó una leve sonrisa a Renato.

—Presidente Jiménez.

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