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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 374

Pero si al encontrarla, ella ya... ya...

Incluso si les cobrara con la vida a todos en la revista, ¿quién le devolvería viva a su esposa?

Al llegar a mitad de la montaña, escuchó pasos acercándose, acompañados del quejido ahogado de un hombre entre la lluvia. Renato gritó con fiereza:

—¿Quién anda ahí?

—¿Presidente Jiménez? —Un hombre que estaba ayudando a levantar a Santiago del suelo se limpió el agua de los ojos y, al reconocer a Renato, se mostró entre asombrado y aterrado.

Renato ignoró al empleado y se acercó velozmente a Santiago. Este estaba cubierto de lodo, en un estado lamentable, y si no fuera porque el otro hombre lo sostenía, habría caído al suelo.

Lo agarró de la camisa, con una voz helada que destilaba furia y violencia:

—¿Por qué la dejaste sola en la montaña?

Cuando el viento arrancó de raíz un árbol, había sido Santiago quien protegió a Magdalena, recibiendo el impacto del pesado tronco sobre sí mismo.

Había caminado herido una gran distancia buscando ayuda; ahora estaba agotado, y hablaba a trompicones.

—Ella dijo... que le dolía el vientre... Pensé que seguían donde estábamos antes, así que le dije que se quedara en la torre mientras yo bajaba a buscarlos.

Al escuchar que le dolía el vientre, la angustia de Renato estalló. Soltó de un empujón a Santiago y corrió montaña arriba, ignorando por completo los gritos a sus espaldas.

...

En la sala de monitoreo, al pie de la montaña, el gerente Uribe caminaba de un lado a otro con ansiedad, mientras la directora Julia estaba consumida por los nervios.

Afuera llovía cada vez más fuerte, y los truenos junto a los relámpagos creaban un ambiente asfixiante.

Camilo y el abogado Zavala entraron a la sala. Jaime Zavala cerró su paraguas negro, lo dejó en la entrada y se apresuró hacia la directora Julia.

Camilo frunció el ceño y dijo en tono muy serio:

—Gerente Uribe, ¿usted sabe lo peligroso que es el clima en este momento? Dejar ir solo al presidente Jiménez... si le pasa algo, ¿cree que podrá asumir esa responsabilidad?

El gerente Uribe lo sabía perfectamente, pero incluso si no hubiera estado paralizado por la noticia del derrumbe de la torre, tampoco se habría atrevido a detenerlo.

Camilo siguió interrogando:

—¿Por qué subió el presidente Jiménez? ¿Quiénes son los dos desaparecidos?

La directora Julia, que había estado callada, contestó:

—Son Magdalena, la novia del presidente Jiménez, y Santiago, un empleado de nuestra revista.

—¿Su novia? —Camilo debió imaginarlo. ¿Quién más sino Magdalena podría hacer que el presidente Jiménez arriesgara su vida y subiera en medio de esa locura?—. Ella es legítimamente la joven señora Jiménez.

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