Paula Suárez era muy hermosa, de facciones atractivas y un cuerpo espectacular, con curvas y una figura envidiable.
Se notaba que era muy cuidadosa con su forma de vestir, pues tanto su ropa como su bolso eran de marcas exclusivas.
Como dice el dicho, de la moda lo que te acomoda, pero la ropa de diseñador que llevaba puesta la hacía lucir sumamente elegante.
Paula se sintió muy orgullosa al escuchar los halagos y, justo cuando se disponía a entrar al probador para cambiarse, una mujer salió del cubículo de al lado.
A Magdalena Sarmiento aquella mujer le pareció conocida, como si la hubiera visto en alguna parte, y justo cuando intentaba recordar de dónde, escuchó a Paula soltar un bufido de desdén.
Bianca Silva se estaba mirando al espejo para apreciar la ropa que llevaba puesta; al escuchar el resoplido de Paula, giró la cabeza y le lanzó una mirada gélida:
—Señorita Paula, ¿qué significa eso?
Paula respondió con sarcasmo:
—Bianca, ¿a qué otro hombre rico te has enganchado esta vez?
Con ese comentario, Magdalena recordó que la mujer frente a ella era Bianca Silva, la famosa actriz del momento.
Si le resultaba conocida, no era porque siguiera de cerca las noticias de la farándula, sino porque esa mujer había estado involucrada con Renato Jiménez; los paparazzi los habían fotografiado entrando juntos a un hotel.
Cuando buscó información sobre Renato Jiménez en internet, descubrió que Bianca era la única mujer con la que se le había vinculado sentimentalmente. En su momento, el escándalo causó un gran revuelo y casi todo el mundo estaba enterado.
Dos días después de aquel suceso, Bianca reveló en la conferencia de prensa de su nueva película que estaba profundamente enamorada, lo cual sin duda confirmó a los medios la veracidad de los rumores. Y Renato Jiménez, el otro implicado, nunca salió a desmentirlo.
Fue hasta un mes después, cuando los paparazzi captaron de nuevo a Bianca entrando a un hotel con un director de cine, que el escándalo se fue apagando poco a poco.
El rostro de Bianca se tornó repentinamente frío:
—Señorita Paula, si te atreves a decir una sola palabra más, te demandaré por difamación.
—¿Difamación? —Paula no creía haber dicho nada malo—. Tú sabes muy bien si es difamación o no.
Paula apartó a la vendedora, tomó a Magdalena del brazo y la arrastró hacia la salida. Caminaba tan a prisa que parecía tener mucha urgencia, obligando a Magdalena a seguirle el paso a tropezones, quien preguntó confundida:
—¿A dónde vamos?
Al ver que Bianca salía del centro comercial, Paula aceleró el paso:
—Quiero ver quién es el nuevo patrocinador de la gran estrella Bianca Silva.
A Magdalena no le interesaba en lo más mínimo husmear en la vida privada de los demás, pero Paula no le dio opción.
Ambas salieron del centro comercial pisándole los talones a Bianca, y justo al salir, vieron cómo ella subía a un Maybach negro.
En el instante en que la puerta se cerró, Magdalena alcanzó a ver la mitad del perfil del hombre que estaba sentado adentro.
Aunque no pudo verlo con claridad, recordó perfectamente el número de placa de aquel vehículo. Era el auto de Renato Jiménez; esa matrícula exclusiva era una prueba irrefutable de su elevado estatus y poder.

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