Se acercó a Fátima y observó a la bebé que tenía en brazos.
Reina Guzmán tenía una piel suave y luminosa, como una muñeca de porcelana. Sus mejillas rosadas eran regordetas y sus dos ojos negros y redondos la hacían ver increíblemente adorable.
Las lágrimas empezaron a acumularse en sus ojos. Extendió la mano y tocó suavemente la mejilla de la niña; era tan suave y llenita que daba gusto acariciarla.
Era su hija, Reyna Guzmán.
Lázaro habló de repente:
—No con Y, con I: Reina.
Ella se quedó perpleja y sonrió con amargura; sin importar el significado, nada cambiaría la situación actual.
Él tenía una esposa, una hija, y su hija se llamaba Reina Guzmán, reemplazando a la hija que una vez imaginaron juntos.
Fátima notó que Magdalena actuaba extraño, pero en ese momento no tenía tiempo para prestarle atención, y dijo con tono ansioso:
—Lázaro, Reina tiene problemas estomacales.
Lázaro se levantó, se acercó rápidamente, miró a la niña en sus brazos y fue a la mesa para tomar las llaves del auto:
—Vamos al hospital.
Magdalena quiso seguirlos por instinto, pero se detuvo tras dar dos pasos.
En los brazos de ese hombre estaba su esposa, su esposa sostenía a su hija... ¿Qué iba a hacer ella ahí?
Viendo las espaldas de la pareja alejarse, se mordió el labio inferior con fuerza. Sus puños se apretaron a los costados y un leve sabor a sangre invadió su boca.
...
El Hotel Oro Real era el más grande de Valle Niebla; su decoración era sumamente lujosa. Los pasillos estaban cubiertos con alfombras color púrpura oscuro con detalles florales, y las lámparas de cristal del techo brillaban hermosamente como flores de loto blanco.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Casé con el que Pagó Mi Venganza