Elías Silva frunció ligeramente el ceño y, mirando a Carolina Morales, le dijo:
—Caro, Isabela dice que se entiende bien contigo. Te la encargo un momento para que platiquen.
—Más tarde vuelvo por ella.
Había venido principalmente porque le preocupaba que Álvaro Morales estuviera aquí y no quería que Isabela tuviera ningún trato con él.
Carolina se rio.
—Señor Silva, no se preocupe, nadie se atrevería a hacerle algo a su esposa.
Elías le lanzó otra mirada a Melina Rivas. Molesta, ella le espetó:
—¿Y tú qué me ves, Elías? No soy tan vil como para desquitarme con tu familia. Por mucho que me caigas mal, mi problema es contigo, directamente.
—Eso espero. Cualquier cosa que el Grupo Rivas tenga en mi contra, que sea directamente conmigo. No se metan con mi esposa.
—El león cree que todos son de su condición —dijo Melina—. ¡Ya lárgate y no me arruines el humor!
Aguantando el coraje por sus insultos, Elías se contuvo, le dijo un par de cosas a Isabela y se marchó.
***
Cuando Elías se fue, Carolina le comentó a Isabela:
—Ustedes dos deberían dedicarse a la actuación.
Isabela sonrió.
—Pues justo me estoy preparando para producir una serie. No sé si a un par de bellezas como ustedes les interesaría invertir.
—Ellas son ellas y yo soy yo. Mi Elías dijo que, sin importar lo que yo quiera hacer, me apoyará con todo. Que si el cielo se cae, él estará ahí para sostenerme. El capital para mi empresa me lo dio él.
Al decir esto, Isabela no solo afirmaba un hecho, sino que también les dejaba claro a las dos herederas que, si se asociaban con ella, no debían preocuparse por las pérdidas, porque tenía el respaldo de Elías, y él no permitiría que ella fracasara.
Las dos herederas intercambiaron una mirada. Carolina le preguntó a Isabela por qué había decidido invertir en el sector de las microseries. Si lograba convencerla, ella entraría como socia.
A ella no le faltaba el dinero; invertir diez o veinte millones de pesos no le suponía ningún problema.
No le importaba si ganaba o perdía.
Era obvio que Isabela buscaba establecer una relación con ellas y, dada la conexión entre sus familias, Carolina sabía que en el futuro tendría que tratar con ella de todos modos.
Si Isabela lograba despertar su interés, le daría la oportunidad de colaborar sin pensarlo dos veces.

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