Elías cerró los ojos un momento y, al abrirlos, evitó mirar a Jimena. Con un tono de agotamiento, dijo:
—Jimena, de verdad no me siento bien hoy. Será mejor que te vayas, no quiero contagiarte.
Jimena preguntó con preocupación:
—¿Dónde está Isabela? Te sientes mal y ni siquiera vas al médico. Te dije que no bebieras ese menjurje que te compró. Mira, lo tomaste y te volviste a sentir mal.
—No tiene nada que ver con Isabela. Ya traía un resfriado que no se me quitaba, y anoche bebí alcohol. En la madrugada me dio fiebre. Ana me despertó hace un rato y me tomé una pastilla para la fiebre.
Por eso tenía un poco de energía para hablar con ella.
—Elías, deberías ir al hospital, o al menos llamar al médico de la familia para que venga. Que te recete algo para un par de días más y asegúrate de tomar el medicamento a tiempo. Si no te medicas, no te vas a curar.
»Mi salud es buena, no te preocupes, pero llámalo ahora. Esperaré a que te revise y a que te tomes la medicina antes de irme a casa.
Elías respondió:
—No quiero ver a un médico. Con que me baje la fiebre es suficiente, no tengo otros malestares. Jimena, por favor, vete. Si de verdad te contagio, Rodrigo me matará.
Ante su insistencia, Jimena no tuvo más remedio que levantarse y decir:
—Bueno, cuídate mucho. Dile a Isabela que regrese a cuidarte. No es como que no puedas mantenerla, ¿qué necesidad hay de que ande por ahí haciendo quién sabe qué?
»Por cierto, tu mamá fue a ver a mi suegra para que controlara a Isa por eso de que anda exponiéndose en público. Elías, tampoco la consientas tanto. Las reglas de la familia Silva están ahí por algo.
»Si ella no las respeta, cuando tus hermanos se casen, sus esposas tampoco las respetarán y todo será un caos en tu familia.
»Sin reglas no hay orden.
»Todas nuestras familias de abolengo tienen sus propias reglas, y todos deben respetarlas.
Elías empezaba a impacientarse, pero se contuvo. Se frotó la frente y dijo:
—Jimena, no me siento bien ahora, de verdad no quiero hablar de estas cosas.
»Solo te diré una cosa: Isabela es mi esposa y la apoyo en todo lo que haga. Otros pueden oponerse, pero tú… no te metas.
Él estaba tolerando que Isabela se expusiera públicamente para protegerla a ella, a Jimena.
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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda