A pesar de todo, el hecho de que Elías lo hiciera por su bien mejoró considerablemente el humor de Jimena.
La actitud de Elías hoy le había parecido extraña, y le preocupaba que realmente se hubiera enamorado de Isabela.
Después de que Jimena se fue, Elías volvió a abrir el pañuelo con los cabellos y los observó durante un largo rato antes de volver a envolverlos.
En ese momento, su celular sonó.
Elías miró el identificador de llamadas y contestó.
Era de la otra agencia de detectives privados que había contratado para investigar a Isabela. Le estaban dando su informe.
—Señor Silva, no hay nada sospechoso sobre su esposa. Antes del matrimonio, su rutina era muy simple: de casa a la oficina, y de ahí a casa de su amiga. A lo mucho, salía de compras con ella.
»También investigamos a su mejor amiga por si acaso, y tampoco hay nada sospechoso.
»Le enviaré el informe detallado en un momento.
Los nervios de Elías se relajaron inexplicablemente.
Isabela no tenía nada que ocultar.
Claro, ¿quién se atrevería a conspirar contra él, Elías Silva?
¡No había ninguna conspiración!
Isabela seguía siendo Isabela. Si había cambiado, era por el golpe que había recibido, una muestra de que él le había roto el corazón.
—De acuerdo, entiendo.
Elías colgó y, poco después, la agencia le envió el informe de la investigación.
Elías abrió el archivo y lo leyó detenidamente varias veces. Efectivamente, no había nada sospechoso.
*Ring, ring, ring…*
El celular de Elías volvió a sonar.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda