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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 248

Elías no se creyó ni una palabra de lo que decían los hermanos Morales.

Pero tampoco podía decir nada.

Carolina ahora era socia de Isabela, se llevaban de maravilla y se frecuentaban mucho en privado.

—Isabela está en su oficina. Vengan, los llevo con ella.

Elías se convirtió de inmediato en el secretario de Isabela, guiando a los hermanos Morales hacia su oficina.

Isabela, al ver a su esposo regresar, estaba a punto de lanzarle un par de comentarios sarcásticos, pero al ver a los hermanos Morales detrás de él, se tragó sus palabras.

—Caro, qué bueno que vienes. Echa un vistazo a este nuevo guion. Siento que la trama de algunos episodios no está bien, pero no sé cómo mejorarla. Ya hablé con el guionista y ha hecho varios cambios, pero ninguno me convence.

Isabela invitó a Carolina a revisar el guion.

Las dos mujeres se sentaron juntas y se enfrascaron en una discusión sobre el libreto.

De vez en cuando, Isabela se dirigía a Álvaro con algo de pena:

—Señor Morales, disculpe, lo he descuidado.

Álvaro respondió amablemente:

—No te preocupes, atiende tus asuntos. Yo solo vine a acompañar a Caro.

Isabela dirigió una mirada a su esposo.

—¿No decías que ya te ibas? —le recordó.

—No hay prisa. Mientras tú y Caro platican del guion, yo entretengo a Álvaro.

Dicho esto, Elías se acercó a su amigo, lo tomó del brazo y se lo llevó.

Tenía prisa por ir a la casa de los Méndez, pero no podía dejar a Álvaro ahí. Si se iban, se iban todos juntos.

—Elías, ¿a dónde me llevas?

Álvaro se dejó arrastrar por él.

Álvaro bromeó con una sonrisa:

—Un hombre casado es diferente, hasta se vuelve más humano.

Elías sonrió.

—Isa es una persona con los pies en la tierra. Me ha contagiado un poco, así que yo también lo soy. Dejar de lado la pose de señor Silva es muy liberador.

—Claro. Antes siempre tenías esa actitud de superioridad que no dejaba que nadie se te acercara.

—Isabela es una buena mujer. Cuanto más tiempo pases con ella, más te gustará de verdad. Elías, aunque pienses que soy un metiche, tengo que aconsejarte: déjalo ir. Esa persona ya está casada.

—Por más enamorado que estés, no va a divorciarse para casarse contigo. Ya que te casaste con Isabela, dedícate a construir una vida con ella.

—Puedes intentar enamorarte de Isabela. Y si después de intentarlo, sigues sin poder amarla, te sugiero que te divorcies. No le arruines la vida.

Isabela todavía es joven. Si Elías aceptara el divorcio, ella seguiría en sus veintes y podría volver a casarse sin ningún problema.

Elías pensó para sus adentros: «¿Quiere convencerme de que me divorcie para quedarse él con Isabela, no?».

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