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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 254

Media hora después, la señora Méndez llegó al edificio del estudio de su hija.

Isabela ya la esperaba abajo desde hacía un par de minutos.

Al ver el coche familiar, se acercó sonriendo.

La señora Méndez detuvo el vehículo y bajó la ventanilla.

—Mamá, ¿había mucho tráfico? Tardaste bastante. Mejor no uso mi carro, me voy contigo. Luego me dejas aquí mismo.

La casa de Elías y la de los Méndez estaban en direcciones opuestas; no quería que su madre diera una vuelta tan grande.

La señora Méndez desactivó los seguros para que su hija pudiera subir.

Una vez que Isabela estuvo dentro, le preguntó:

—¿A dónde me invitas a cenar? ¿Quieres que le digamos a Mónica? La señora Torres te quiere mucho, siempre que hace algo rico le manda una porción a Mónica para ti. No deberíamos olvidarnos de ella a la hora de comer.

—Le pregunté hace rato. Me dijo que justo iba a casa de sus papás, que su mamá le preparó algo delicioso y la invitó.

Con eso, la señora Méndez dejó el tema.

También le caía muy bien Mónica Torres; le alegraba que su hija tuviera una amiga como ella.

Isabela no llevó a su madre a cenar al Gran Hotel de Nuevo Horizonte, sino a un restaurante que ella y Mónica frecuentaban. La comida era excelente, los ingredientes frescos y el sabor, delicioso.

Además, no era caro, aunque siempre estaba lleno y había que esperar. Pero como aún era temprano, no les importó la espera; así podían platicar un rato.

—Cuando me llamaste, acababa de llegar a casa. Y al tener que salir de nuevo, tu cuñada me puso una cara...

—¿Acaso tienes que pedirle permiso para salir? Seguro te estaba pidiendo que te quedaras a cocinarle. Como te negaste, se molestó y por eso te puso mala cara.

Jimena siempre hacía lo mismo.

—Está embarazada y no tiene mucho apetito. Quería comer costillas en salsa de tamarindo. Con solo pedirlo se lo hubieran preparado, ¿por qué insistir en que tú fueras a cocinárselas?

—Isa, si vuelve a pedirte que vayas a cocinar, por favor, no vayas. Quién sabe qué intenciones tenga. Imagina que come lo que tú preparas y luego dice que le duele el estómago o que le afectó al bebé. Rodrigo sería capaz de despellejarte viva.

La señora Méndez era de carácter dócil, pero conocía perfectamente a cada miembro de la familia Méndez.

—Antes te pedía que aguantaras porque no tenías quién te respaldara y debías volver a esa casa. Pero ahora estás casada, eres la señora Silva. No importa si Elías te consiente o no, mientras seas su esposa, tiene que protegerte.

—Si no, la noticia se extendería, y la gente diría que el distinguido primogénito de la familia Silva no puede ni proteger a su propia esposa. Él no puede permitirse esa humillación. A esa gente le importa mucho su reputación.

Porque las noticias negativas sobre ellos podían afectar fácilmente el valor de sus acciones.

—Pensé que me dirías que era una nimiedad, que por qué no había aceptado.

Isabela no esperaba que su madre pensara lo mismo que ella, y que incluso le pidiera que no volviera a cocinar para Jimena.

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