—No sé la razón. Mala suerte, supongo —dijo Elías con compasión.
Al final, añadió de repente:
—Isabela, lo siento. Lo de ayer fue mi culpa.
—Vaya, ¿ Va a nevar en el infierno? El gran señor Silva pidiéndome disculpas.
Isabela no pudo evitar soltar un par de comentarios sarcásticos.
Elías dejó que se burlara, porque sabía que se había equivocado. No era tonto. Al contrario, era muy astuto, pero cuando se trataba de Jimena, a menudo se dejaba llevar por sus sentimientos y se hacía de la vista gorda.
Él lo entendía perfectamente. La cuestión era simplemente cómo decidía actuar.
A decir verdad, Isabela se sorprendió mucho de que Elías hubiera decidido contarle a Rodrigo sobre los problemas del bebé de Jimena y, además, le pidiera disculpas a ella. Parecía que ya no consideraba que todo lo que hacía Jimena estaba bien, como antes.
Estaba cambiando.
—De acuerdo, acepto tus disculpas. Pero no es necesario que me invites a comer. Si de verdad te sientes mal, solo tienes que compensarme por los daños emocionales.
—Y entre más, mejor, ¿eh?
—Avariciosa —dijo Elías, y colgó. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios.
Un momento después, le hizo una transferencia a Isabela. No recordaba cuánto dinero le había enviado, solo recordaba haber tecleado muchos ceros.
Isabela recibió tanto dinero que casi se le acalambró la mano. Miraba su saldo y reía como niña con juguete nuevo.
***

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