—En cuestiones sentimentales, la verdad es que es muy correcto.
Eso era un hecho.
No podía mentir y decir que Elías era un mujeriego.
—Pues sí, siempre se mantuvo casto y puro por Jimena. Yo solo le estoy haciendo el favor de dejarlo libre para que siga guardándose para ella toda la vida.
Isabela soltó una risa burlona.
—Esta tarde Jimena fue a buscarlo al hotel y se quedó ahí toda la tarde. Él me pidió que fuera a ponerle fomentos en la cara, pero no fui. Y mira, al final terminó buscando a su amada.
—Esa es la atención que él realmente quería. De todos modos, ya nos vamos a divorciar, después de eso no tendremos nada que ver.
Si hubiera sido antes, al saber que Jimena estuvo cuidando a Elías toda la tarde, habría hecho un berrinche monumental por los celos.
Ahora, ya no.
Le tomó dos vidas, pero por fin había superado lo que sentía por él.
De ahora en adelante, se amaría a sí misma.
Dicen que para amar a otros primero hay que aprender a amarse a uno mismo. En su vida pasada no supo valorarse y terminó con un final trágico.
Álvaro se quedó callado.
Isabela terminó su sopa rápidamente.
Al acabar, le preguntó a Álvaro:
—Señor Morales, ¿necesita que le ayude a ponerse el ungüento?
Álvaro tuvo muchas ganas de decir que sí, pero al final se negó con gentileza.
—Puedo hacerlo yo mismo frente al espejo, no quiero molestarte.
—Isabela, esto no es culpa tuya, no te culpes.
—No fui yo quien lo golpeó, pero le pegaron por mi causa, ¿cómo no voy a sentirme mal? Cuando se recupere, lo invito a comer para compensarlo.
Álvaro no se negó; era justo lo que soñaba.
Cuando él también terminó su cena, Isabela se levantó para despedirse.
En una casa tan grande y solos los dos, quedarse mucho tiempo no se vería bien.
—Te acompaño a la salida.
Álvaro se levantó.
—No hace falta, señor Morales. Descanse y póngase la medicina. Es muy buena, si se la aplica varias veces, en dos días estará como nuevo.


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