—Isabela, ¿podemos empezar de nuevo?
Elías habló con seriedad:
—Esta vez voy en serio, no te voy a utilizar.
Isabela lo rechazó sin pensarlo dos veces:
—Elías, no podemos empezar de nuevo.
—Dices que ya no la amas, ¿pero de verdad puedes dejar de amarla? No puedes. Si algo tienes, es que eres muy leal en tus sentimientos.
En su vida pasada, hasta el día de su muerte, él seguía amando a Jimena.
A sus ojos, Jimena era la mejor mujer del mundo. Aunque tuviera muchos defectos y fuera mala, él le perdonaba todo.
—Elías, no volvamos a hablar de sentimientos, no hay nada de qué hablar. Si quieres hablar de negocios, estoy dispuesta a escucharte; si me das una oportunidad de ganar dinero, con gusto acepto.
—Y otra cosa, no le hagas nada al señor Morales. Entre él y yo no hay nada turbio, para mí es solo el hermano de mi amiga.
—Es así de simple. No veas enemigos donde no los hay solo porque hablo con alguien o nos vemos un par de veces.
—Es tu amigo de años, ¿qué no sabes qué clase de persona es?
¿Cómo iba a enamorarse Álvaro de ella?
Isabela sabía que tenía su gracia, pero no como para que todo el mundo la amara.
En sus dos vidas, el contacto con Álvaro había sido mínimo.
En su vida anterior, cuando ella murió, Álvaro seguía soltero. No sabía quién era su media naranja, pero definitivamente no era ella.
—Golpeaste al señor Morales, deberías buscar el momento para disculparte. No dejes que tus paranoias arruinen su amistad.
Elías la miró largamente.
Con voz grave, dijo:
—Hoy me equivoqué. Luego iré a disculparme con Álvaro.
No insistió en que Álvaro la amaba.
Álvaro disimulaba muy bien. Si le decía que Álvaro la estaba vigilando, habiéndolo visto tan pocas veces, ella no le creería; solo pensaría que él era un celoso malpensado.
—Isabela, no he cenado —dijo Elías de repente.


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