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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 134

―En el hospital, me hicieron radiografías, ecografías, todo salió bien. Lo malo estaba en mis exámenes de sangre; salieron excesivamente bajos. Pasé varios días internados, con un exhaustivo tratamiento. Y mejoré drásticamente. Cosa que no hice en todos los meses que estuve con mis padres. Ahí el abuelo sospechó demasiado y pidió abrir una investigación policial contra su propio hijo.

―Creo que ya no le tengo miedo a tu abuelo, me cae muy bien ―Si ese hombre no hubiese estado en la vida de Derek, él no estuviese vivo hoy en día.

―La investigación fue inútil. Los doctores no lograron descubrir que componentes envenenaba mi sangre y no hallaron nada sospechoso en la mansión para comparar con las muestras de laboratorio. Culparon al doctor que me atendía en casa, que misteriosamente, se había mudado a Las Bahamas cuando se abrió el caso. Pero mi abuelo no es imbécil, él sabía que ellos eran culpables y todo por la codicia. Al eliminarme del mapa, ellos quedarían como únicos herederos si mi abuelo moría, ya que no había más familiares ―La mano de Derek apretaba mi muslo, pude sentir la ira burbujeando en sus venas.

―¿Y volviste a casa? ¿Lograste salir? ¿Seguiste viviendo con ellos? ―Era la misma pregunta expresada de formas distintas.

Me preocupaba que Derek haya tenido que estar expuesto después del descubrimiento, enfrentarse a las personas que intentaron matarlo repetidas veces y quienes al mismo tiempo eran los que debieron protegerlo de cualquier mal.

―Por supuesto que no, mi abuelo se hizo cargo de mí. Y contrató a Carla por petición mía. Ella era quien me cuidaba después de mis “accidentes” a pesar que no era su trabajo. Mis padres la contrataron para tender las camas y esas cosas. Pero ella se tomaba la molestia de acompañarme todas las noches hasta que lograba quedarme dormido, se preocupaba por mí. Fue como una madre para mí y quería que lo siguiera siendo.

―Carla realmente te cuidó, ella te ama. Se nota.

No hizo ningún comentario al respecto. Su ser frío y desalmado jamás le permitiría admitir que estaba feliz por algo tan banal como el “amor maternal” que recibió de alguien que no esperaba nada a cambio.

Se aclaró la garganta y continuó:

―Desde un principio no estaban en el testamento de mi abuelo, porque no tenían lo que se necesitaba para manejar ni una simple tienda. A lo largo de los años, antes que yo naciera, él les había dado emprendimientos y todos habían quebrados, porque preferían tratar mal a los empleados, dejarles el trabajo a otros y gastarse las ganancias en estupideces.

―Entonces, ¿no les pasó nada? ―pregunté inútilmente, cuando la respuesta era obvia. Por algo continuaban asistiendo al club campestre.

Capítulo 134: Quiero ayudarte. 1

Capítulo 134: Quiero ayudarte. 2

Capítulo 134: Quiero ayudarte. 3

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