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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 135

La sala de demostración era espaciosa, olía delicioso y por supuesto, lucía caro. Y lo más sorprendente, Derek y yo éramos los únicos clientes.

Una vez que el empleado de la joyería se fue, dejando los cafés frente a nosotros, me dispuse a susurrarle en el oído a Derek:

―¿Cómo hace un lugar como este para mantenerse a flote con tan poca clientela? Las joyerías de imitación de mi anterior vecindario siempre estaban llenas. En cambio, aquí no hay nadie. Con razón dejaron pasar tu falta de respeto al posponer la cita, necesitan clientes con urgencia.

La carcajada que soltó fue descomunal, tan vibrante y juvenil, como si hace unos minutos no hubiéramos hablado de su trágico pasado.

Me aparté de él y le dediqué un gesto de molestia.

Tomé mi café, ignorándolo.

―¿Qué le hace tanta gracia a este payaso? ―murmuré para mí misma.

―Les presento una colección basada en el estimado monetario que me exigió, señor Fisher ―comentó el joyero, que apareció ante nosotros de un momento para otro.

Espero no me haya escuchado.

Dejó en la mesa de centro, una variedad de anillos de distintos colores y gemas. Eran extravagantes, algunas muy grandes, otras de formas muy extrañas. Solo tenían una cosa en común, brillaban con una intensidad que podría dejar ciego a cualquiera.

Había algo que tenía por seguro al ver esta colección: eran feísimos.

Observé pieza por pieza, sin expresión alguna en el rostro. Tenía miedo de hacer un gesto que revelara mi disgusto. Y estaba siendo el doble de cautelosa mientras lo escuchaba hablar sobre el esfuerzo, dedicación e inspiración que le llevó crear cada una.

―Siempre dejo volar mi imaginación al realizar piezas de valores que sobrepasen los cinco millones.

―¡¿Cinco millones?! ―grité, asustando al joyero, que tuvo que levantarse de la silla de la impresión.

―Sí... Señora.

No salía de mi estado de estupefacción.

Giré el cuello en dirección a Derek, que estaba despreocupado, bebiendo su café.

―¿Te estás volviendo loco? ¿Despilfarras el dinero por diversión?

―Acabas de echar al joyero más codiciado de la ciudad ―habló Derek con la mayor tranquilidad, no parecía disgustado por lo ocurrido.

―Para que se esfuerce más en su próxima creación.

La risa que se le escapó fue genuina y cargada de diversión.

―Bueno, hay otra joyería reconocida al otro lado de la ciudad, deberíamos irnos de una vez ―Se terminó su café y se levantó, ofreciendo su mano.

La acepté y lo miré desafiante.

―No iremos allí ―hablé con firmeza―. No quiero un anillo reconocido, quiero un anillo que me guste, que me fascina solo con verlo, que quiera contemplar todas las mañanas.

―Mi esposa no puede ir por ahí con un anillo barato ―refutó.

―Tu esposa no va a llevar ningún anillo a la cena con tu abuelo a menos que sea uno que en realidad me guste ―Desafié.

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