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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 136

Vi las amenazas, el desafío y la molestia cruzar su rostro. Y aún así, escogió el camino de la paz y dijo:

―¿Qué tienes en mente?

―Que actuemos como una pareja normal. Que en lugar de reservar citas para escoger un anillo, caminemos por la calle y entremos a las joyerías que nos crucemos sin pensar a quien le pertenece. Escojamos un anillo hermoso y del que me enamore sin ver el precio. Eso quiero.

Me miró, lo miré. Fueron segundos largos y cargados de tensión. El orgullo y las ganas de tener la razón predominaban en el aire.

―Con una condición ―declaró.

―¡Tú y tus condenadas condiciones! ―Exclamé―. ¿Siempre tienes que tener la última palabra?

―Sí ―respondió sin dudar―. El anillo debe costar al menos un millón.

―Rechazada ―respondí de una, sin dudarlo.

Parpadeó, con la impresión dibujada en su rostro.

No estaba acostumbrado a que sus demandas sean declinadas. Hasta los momentos, yo había aceptado cada una de sus condiciones sin rechistar. Era la primera vez que escuchaba una negativa de mi parte a la hora de hacer un trato. Y a este paso, creo que el pobre va a tener que comenzar a acostumbrarse.

―Cinco mil ―refuté. Y aún eso me parecía muy caro, pero si le decía un número más bajo, se negaría rápidamente.

Me miró, confundido.

―¿Cinco mil millones? Okey ―dijo como si nada.

Arrugué la frente y casi me da un paro cardíaco. ¿Cómo se le ocurre pensar que esa es una cifra normal? Estaba a nada de meterlo a un psiquiátrico.

―¡Cinco mil dólares! ¿Cómo vas a pensar que me refiero a cinco mil millones? Ni siquiera debe existir un anillo que cueste esa cantidad, y si existe, sería una vergüenza el idiota que gaste esa cantidad de dinero en un accesorio tan minúsculo ―repliqué.

Me tomó de la mano y salimos del lugar.

Visitamos tienda tras tienda.

Pensé que era una mujer fácil de complacer, después de todo, nunca tuve algo bonito, por lo cual, me podría conformar con cualquier cosa. Pero, quien lo diría, estoy actuando muy caprichosa. Nada me convence.

―Si tienen anillos de cuarzo rosado, no los muestra, por favor ―Le dijo al quinto vendedor que hemos visto el día de hoy.

Volteé a verlo de golpe, con la pregunta marcada en el rostro.

―Es la que más te apareció en las encuestas que hacías en tiktok ―concluyó, viendo las vitrinas llenas de joyas con el mayor desinterés posible.

Se negaba a verme a los ojos, fingiendo que no dijo nada importante, nada significativo. Pero era totalmente lo contrario. Porque me escuchaba y prestaba atención a lo que me gustaba.

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