Vi las amenazas, el desafío y la molestia cruzar su rostro. Y aún así, escogió el camino de la paz y dijo:
―¿Qué tienes en mente?
―Que actuemos como una pareja normal. Que en lugar de reservar citas para escoger un anillo, caminemos por la calle y entremos a las joyerías que nos crucemos sin pensar a quien le pertenece. Escojamos un anillo hermoso y del que me enamore sin ver el precio. Eso quiero.
Me miró, lo miré. Fueron segundos largos y cargados de tensión. El orgullo y las ganas de tener la razón predominaban en el aire.
―Con una condición ―declaró.
―¡Tú y tus condenadas condiciones! ―Exclamé―. ¿Siempre tienes que tener la última palabra?
―Sí ―respondió sin dudar―. El anillo debe costar al menos un millón.
―Rechazada ―respondí de una, sin dudarlo.
Parpadeó, con la impresión dibujada en su rostro.
No estaba acostumbrado a que sus demandas sean declinadas. Hasta los momentos, yo había aceptado cada una de sus condiciones sin rechistar. Era la primera vez que escuchaba una negativa de mi parte a la hora de hacer un trato. Y a este paso, creo que el pobre va a tener que comenzar a acostumbrarse.
―Cinco mil ―refuté. Y aún eso me parecía muy caro, pero si le decía un número más bajo, se negaría rápidamente.
Me miró, confundido.
―¿Cinco mil millones? Okey ―dijo como si nada.
Arrugué la frente y casi me da un paro cardíaco. ¿Cómo se le ocurre pensar que esa es una cifra normal? Estaba a nada de meterlo a un psiquiátrico.
―¡Cinco mil dólares! ¿Cómo vas a pensar que me refiero a cinco mil millones? Ni siquiera debe existir un anillo que cueste esa cantidad, y si existe, sería una vergüenza el idiota que gaste esa cantidad de dinero en un accesorio tan minúsculo ―repliqué.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...