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Mi ex-marido me arruinó, volví con sus hijos romance Capítulo 101

Él, en su momento, no le había dado mayor importancia; al contrario, le parecía un tanto ruidosa y hasta un poco calculadora, creyendo que un simple traje no era más que una excusa barata para acercarse a él.

No fue hasta que usó el traje confeccionado por Talía en aquella gala, y varias personas se acercaron a elogiarlo, preguntando quién era el diseñador porque querían uno a medida, que realmente le prestó atención a la prenda.

Tenía que admitirlo: Talía Blasco tenía un talento innegable y unas manos maravillosas. Cada puntada, cada hilo era meticuloso; se notaba a leguas el amor y la dedicación que había puesto en él.

Poco a poco, la curiosidad comenzó a ganarle. De pronto, sintió el impulso de conocer mejor a esa esposa a la que había ignorado sistemáticamente desde que se casaron.

Fue entonces cuando descubrió que Talía había estudiado diseño de modas y que, en sus tiempos de estudiante, había arrasado con un sinfín de premios.

También fue entonces cuando se dio cuenta, casi sin querer, de que esa chica que solía ser callada, pero que hablaba hasta por los codos cada vez que lo veía; esa chica que siempre dejaba una luz encendida en la casa esperando su regreso; esa chica que se preocupaba genuinamente por su cansancio... se había ido colando lentamente en su corazón.

Tan despacio que ni siquiera él mismo lo notó.

Pero en aquel entonces, con su orgullo desmedido, no quería ni estaba dispuesto a admitir que se había enamorado de la mujer que antes tanto despreciaba.

Hasta que un día, de repente, esa chica desapareció. Se esfumó, se perdió en la nada. Y fue en ese instante cuando la realidad lo golpeó: ella no solo ocupaba un pequeño rincón, sino que había llenado su corazón por completo.

Cuando ella se fue, su corazón se quedó vacío.

—¿Señor Lara? ¡Jefe! ¿Se encuentra bien?

Al ver a Luciano Lara con la mirada perdida en el boceto del traje, Renato pensó que había algún error garrafal en el papel. Pero por más que miraba, no veía nada raro. Lleno de curiosidad, agitó una mano frente al rostro de su jefe.

Luciano parpadeó, volviendo a la realidad, y le lanzó a Renato una mirada fulminante que helaba la sangre.

—¿No te parece que el color de este traje es un poco raro?

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