Renato parpadeó, con el cerebro hecho un nudo, pero asintió por puro instinto.
—¡Enseguida!
Y sin esperar a que Luciano lo apurara, salió disparado a hacer la llamada.
Lo único que lo dejaba rascándose la cabeza era un pequeño detalle: si el boceto tenía errores, ¿por qué el presidente parecía estar de tan buen humor?
Rarísimo. Todo era muy raro.
Talía se quedó de una pieza cuando recibió la llamada de Renato.
Ella siempre revisaba sus bocetos mil veces antes de enviarlos. Solo los entregaba al departamento de diseño cuando estaba cien por ciento segura de que eran impecables.
Además, se suponía que ese lote ya había pasado todos los filtros y estaba listo para producción. Que de pronto apareciera un error le parecía bastante sospechoso.
Pero Renato sonaba tan desesperado que no tuvo tiempo de hacer preguntas. Solo le quedó arreglarse rápido y salir corriendo hacia el Corporativo Lara.
***
En cuanto Renato vio aparecer a Talía, no dejó ni que se acercara a la oficina de la presidencia. La jaló hacia un rincón del pasillo y le susurró en tono de advertencia:
—Tais, tienes que andar con mucho cuidado hoy. El jefe está un poco... raro últimamente. Creo que tiene un problemita por aquí —dijo señalándose la cabeza—. Si se pone de mal humor, tú solo respira profundo y aguanta. Se le pasará.
Renato estaba genuinamente preocupado de que Luciano tratara a Talía con la misma brutalidad con la que lo trataba a él.
Al fin y al cabo, ella era una mujer. Si el diseño falló y Luciano le gritaba como solía hacer, Renato temía que Talía no lo soportara y se echara a llorar.
Una chica tan preciosa, con los ojos hinchados de tanto llorar... ¡Qué lástima sería!
Talía levantó una ceja, incrédula. ¿Luciano Lara mal de la cabeza? ¿Estaba enfermo?
—¡Gracias! —respondió. Fuera lo que fuera, agradecía las buenas intenciones de Renato.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi ex-marido me arruinó, volví con sus hijos