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Mi ex-marido me arruinó, volví con sus hijos romance Capítulo 103

Luciano observó en silencio aquella pequeña interacción cómplice entre Talía y Renato, y sintió que le hervía la sangre.

¿Desde cuándo esos dos eran tan íntimos?

Talía jamás le había sonreído de esa manera.

¿Acaso él no era atractivo? ¿No era lo suficientemente guapo? Siendo un hombre tan apuesto y millonario, era inconcebible que Talía le regalara sonrisas a Renato y a él ni lo mirara. Luciano tuvo que admitirlo: estaba celoso. En ese preciso momento, le habrían dado ganas de estrangular al idiota de su secretario.

—¿En qué se supone que fallan mis diseños? —preguntó Talía en cuanto se quedaron a solas. Su sonrisa se desvaneció un poco mientras tomaba los bocetos de la mesa y comenzaba a revisarlos minuciosamente.

Luciano se atragantó con sus propias palabras. De pronto, tenía la mente en blanco.

No podía soltarle el mismo cuento barato que le había inventado a Renato. Si se atrevía a decirle que estaban mal, con el carácter que se cargaba Talía últimamente, seguro se levantaba y le armaba un escándalo.

—¿Problema? No, ¿qué problema va a haber? Tus diseños son perfectos.

Luciano forzó una sonrisa de lo más tensa y empezó a mentir sin pestañear.

—¿No fue Renato el que me dijo por teléfono que el boceto tenía problemas? Me haces venir a toda prisa, dejando todo botado, ¿y ahora me dices que no pasa nada? ¿Te estás burlando de mí?

El rostro de Talía se ensombreció. Era el fruto de su arduo trabajo; si no iban a valorarlo, allá ellos, pero que no jugaran con su tiempo de esa manera.

¿Acaso no sabían la angustia que había pasado en el trayecto?

Al verla enojada, Luciano tragó saliva. Su cerebro empezó a trabajar a mil por hora, buscando una salida.

—¿Eso te dijo Renato? Ay, este Renato... Últimamente está con la cabeza en las nubes. Yo nunca dije que tu diseño tuviera un error. Le dije que había un asunto sobre los bocetos que quería consultar contigo. Él fue quien entendió todo mal. Mira, no te enojes, le voy a descontar del sueldo para que aprenda a prestar atención en el trabajo.

De todas formas, ese día Renato ya lo tenía harto. Dándose aires de confianza y sonriéndole a Talía como si fueran íntimos... ¡Qué falta de respeto!

Fuera de la oficina...

—¡Achís! ... ¡Achís! ... ¡Achís! —Renato estornudó tres veces seguidas con tal fuerza que resonó en toda la planta.

Un compañero de cubículo se rio:

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