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Mi ex-marido me arruinó, volví con sus hijos romance Capítulo 120

Por eso estaba decidido a esforzarse por conocer a los niños, para descubrir cómo crear un vínculo auténtico con ellos.

—Me encantan las computadoras —dijo Tiago, rompiendo los esquemas de Pelayo.

Él alzó las cejas. Jamás se imaginó que, siendo tan pequeño, ya fuera un adicto a las pantallas.

—Ya veo... ¿Y qué clase de videojuegos te gusta jugar?

Pelayo no era un experto en videojuegos, solía jugar cuando era niño, pero de adulto lo había dejado de lado. Sin embargo, su empresa había invertido en varias franquicias populares; quizás podría usar sus contactos para regalarle un pase especial y conseguirle algunos premios exclusivos para ganarse su simpatía.

—¿Quién dijo que me gustan los videojuegos? —Tiago le dedicó una mirada de exasperación absoluta, viéndolo como si le estuviera hablando a un inexperto.

Pelayo notó ese destello de menosprecio en los ojos del niño y su sonrisa volvió a desfigurarse.

Sentirse menospreciado por un niño pequeño era el colmo.

—¿Entonces para qué usas la computadora?

—¡Para programar!

Esa sola palabra dicha con total naturalidad dejó a Pelayo boquiabierto.

—¿Programar? ¡Eso es imposible! —Su primera reacción fue de incredulidad absoluta.

¿Cuántos años tenía Tiago? ¿Unos cinco? ¡Apenas estaba en preescolar! ¿Cómo alguien tan pequeño podía saber si quiera qué era el código de programación?

Al ver la incredulidad de Pelayo, Tiago lo miró de reojo sin inmutarse, sin intenciones de explicarle nada.

«Este tipo hace mucho alboroto por nada», pensó el niño. «¿Acaso porque él no sabe, cree que los demás tampoco? Si es tan poco brillante, ¿cómo piensa proteger a mi mami en el futuro?».

Captando la evidente decepción del pequeño, la sonrisa de Pelayo se congeló.

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