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Mi ex-marido me arruinó, volví con sus hijos romance Capítulo 125

Dado que esa noche Gema recibiría el codiciado premio a Mejor Actriz, Talía le había diseñado un espectacular vestido largo con base color blanco perla. La prenda estaba confeccionada con finos hilos dorados que formaban sutiles patrones en relieve, brindándole un aire de elegancia innegable y majestuosidad. Bajo los flashes de las cámaras, el vestido estaba destinado a deslumbrar.

Gema poseía una tez de porcelana, y un vestido de esas características resaltaba aún más su belleza natural, haciéndola lucir divina.

Sin embargo, al girar la prenda, el desastre saltó a la vista. Justo en la impresionante cola del vestido blanco perlado, había una enorme y grotesca mancha de tinta oscura. Era como si un ángel recién caído del cielo hubiera sido arrastrado por el fango.

Esa horrible mancha arruinaba la obra entera, como una mancha de lodo en un vestido de novia.

—¿Quién hizo esto? —preguntó Talía, visiblemente molesta.

Había invertido varias noches de insomnio desde los primeros bocetos hasta la última puntada. Ver su esfuerzo saboteado de esa manera la llenaba de frustración.

—No tenemos idea. Justo antes de ir al baño, el vestido estaba perfecto. Pero cuando volvimos para que me lo pusiera, lo encontramos así —explicó Gema con impotencia.

Aunque Gema siempre se mantenía al margen de los dramas de la farándula, sabía que en la industria sobraba gente envidiosa dispuesta a hacer lo que fuera por verla caer. Había bajado la guardia y ahora estaba pagando el precio.

—¡Seguro fue Valeria! ¡¿Quién más podría ser?! —murmuró Laura, la asistente, incapaz de contener su rabia.

—¿Quién es Valeria? —preguntó Talía, intrigada.

—¿Pues quién va a ser? Una actricilla de quinta que, como es la modelo exclusiva del Corporativo Lara y logró papeles en un par de producciones, ya se cree la dueña del mundo. Siempre se la pasa provocando a Gema. Seguro está que se muere de envidia porque Gema va a ganar el premio hoy y quiso arruinarle la noche. Además, cuando salimos del camerino, ella era la única que andaba merodeando por aquí. ¡Tiene que haber sido ella!

Al ver el interés de Talía, a Laura se le soltó la lengua y soltó todo el veneno que llevaba guardado.

—¡Laura! No digas esas cosas si no tienes pruebas —la reprendió Gema con severidad.

El mundo del espectáculo era un nido de víboras. Si alguien la escuchaba y el rumor se esparcía, se armaría un escándalo de proporciones épicas.

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