Al ver que Luciano no dejaba de mirar a Tessa y a Tiago, a Gema Serna, que conocía toda la verdad, le dio un vuelco el corazón. Temiendo que Luciano descubriera algo, se interpuso instintivamente delante de los niños, bloqueando la línea de visión entre ellos.
La presentadora, al ver que Luciano se había quedado mirando a los pajecitos y que ahora Gema los cubría, no entendió qué pasaba.
Pero su profesionalismo la impulsó a hablar de inmediato.
—La presencia del Señor Lara en esta entrega de premios, a pesar de su apretada agenda, ha sido una enorme sorpresa para todos y ha llevado nuestra gala a un nivel superior. Estoy segura de que mañana acapararemos las portadas de todas las revistas. Sin más preámbulos, los trofeos están listos y creo que nuestra querida Gema Serna ya no puede esperar más. ¡Señor Lara, por favor, proceda con la entrega!
Había que admitirlo, la presentadora tenía un don para las palabras. Con su intervención, el auditorio estalló en aplausos aún más fuertes.
Al escucharla, Gema fingió oportunamente una expresión de timidez y siguió el juego de la presentadora.
Luciano, por su parte, apartó por fin la mirada de los niños, tomó el trofeo y se dispuso a entregárselo a Gema.
Sin embargo, en ese preciso instante, un ruido agudo y ensordecedor resonó por todo el lugar, lastimando los oídos de los presentes y sumiendo el auditorio en un caos absoluto.
Casi al mismo tiempo, las luces comenzaron a parpadear y temblar. El techo del recinto empezó a desprender escombros que caían sobre la multitud.
—¡Es un terremoto! ¡Está temblando!
—¡Un sismo, corran!
Gritos de pánico, quejidos de dolor y el sonido de pisadas apresuradas llenaron el aire.
—¡Talía, está temblando, corre! —gritó Pelayo Montero, agarrándola fuertemente del brazo.
—¡No! ¡Los niños siguen en el escenario, tengo que ir por ellos! —exclamó ella, intentando zafarse para correr hacia la tarima.

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