Gema palideció aún más de terror. Llena de pánico, buscó a Tessa por todas partes, pero fue inútil. En cambio, la multitud los empujaba a rastras hacia la salida.
Temiendo perder también a Tiago, Gema lo levantó en brazos y lo apretó contra su pecho. Mientras avanzaba, no dejaba de gritar el nombre de Tessa.
Sin embargo, el ruido era ensordecedor. Los gritos y los llamados de auxilio formaban un estruendo que ahogaba su voz al instante, sin obtener la más mínima respuesta de la niña.
Cuando Talía y Pelayo encontraron a Gema y a Tiago, y vieron que Tessa no estaba con ellos, a Talía se le encogió el corazón y un mal presentimiento la invadió por completo.
—Gema, campeón... ¿Dónde está Tessa?
—¡Mamá, mi hermanita desapareció! —Tiago se arrojó a los brazos de Talía, con el rostro desencajado por el miedo y la culpa.
En ese instante, a Talía le zumbó la cabeza. Su mente quedó en blanco por un segundo y las lágrimas brotaron de golpe.
¿Tessa desapareció?
—Talía, aquí no es seguro. Saquen primero a Tiago, yo iré a buscar a Tessa —dijo Pelayo. Al ver que el niño estaba a salvo, sintió un poco de alivio, pero la desaparición de la pequeña lo tenía con los nervios de punta.
—No, voy contigo a buscarla.
Tessa era su hija. Si la había traído, tenía que llevársela sana y salva a casa. Tenía que encontrarla a como diera lugar.
—Gema, por favor, saca a Tiago de aquí. Yo regresaré adentro a buscar a mi pequeña.
Gema sabía que Talía no descansaría hasta encontrarla. Ella también quería quedarse a buscar a la niña, después de todo, Tessa se había perdido mientras estaba a su cuidado, y la culpa la carcomía.
Pero ahora tenía a Tiago aferrado a ella y su deber era sacarlo ileso.
Gema asintió, les rogó que tuvieran cuidado y cargó al niño para llevarlo afuera.
—¡No me voy, no me voy! ¡Quiero buscar a mi hermanita, quiero buscar a Tessa!

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