Y no solo eso: también descubrieron que, mucho antes de divorciarse de su madre, Luciano ya había tenido un hijo con otra mujer.
Ahora, al enterarse de que ese mismo hombre fue probablemente el responsable de la caída de su familia hace cinco años, los gemelos sintieron que la sangre les hervía de rabia.
Corrieron a pasos apresurados hacia la cama. Tiago abrió de golpe su maleta de Pikachu y sacó de ella su preciada computadora portátil, acomodándola velozmente sobre el colchón.
Encendió el equipo, abrió el navegador directo en la página oficial de Corporativo Lara y sus pequeños dedos comenzaron a volar sobre el teclado. Unos diez minutos de furioso tecleo después, Tiago se detuvo con una sonrisa de absoluta satisfacción.
—Nada mal, el color quedó muy realista, ¡hasta parece que le sale humo! Excelente trabajo —comentó Tessa mientras desenvolvía una paleta y se la llevaba a la boca, saboreando el dulce con tranquilidad.
—¿De verdad tienes estómago para comer dulces viendo eso? ¿No te da un poco de asco? —Tiago frunció el ceño, mirando a su hermana como si fuera un extraterrestre.
—¡Para nada! Ver esto hace que mi paleta sepa mejor. ¡Mmm, es de vainilla! —respondió Tessa, restándole importancia a las quejas de su hermano. Para probar su punto, pasó la lengua por el caramelo haciendo un ruidito de satisfacción.
Tiago sintió un escalofrío de repulsión. ¡Qué asco! ¿Cómo podía su hermana ser tan extraña a veces?
—Concéntrate. Esta vez asegúrate de que no puedan borrarlo tan rápido —ordenó Tessa, señalando la pantalla y perdiendo el interés en molestar a su hermano.
—Tranquila, no se las dejé nada fácil —respondió Tiago con suficiencia. Ambos compartieron una sonrisa traviesa; estaban a punto de disfrutar de un gran espectáculo.
Tristán Iturralde jamás imaginaría que haberles enseñado programación por puro aburrimiento terminaría siendo usado de esta manera. Si supiera que los niños aplicaban sus lecciones de ciberseguridad para esto, moriría a carcajadas.
Mientras tanto, los servidores de Corporativo Lara colapsaron en un caos silencioso. No es que el sitio web dejara de funcionar, sino que lo que aparecía en la página de inicio era tan humillante que una atmósfera de terror invadió las oficinas del corporativo.

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