Los pequeños puños de la niña se apretaron con fuerza, delatando la furia que sentía por dentro.
Cuando Renato vio a Luciano entrar de la mano de la pequeña, casi se le cae la mandíbula al piso.
«¿De dónde se robó el jefe a esta muñequita? ¿De verdad será su hija no reconocida?».
Sin embargo, haciendo honor a su puesto como secretario principal, Renato fue lo suficientemente prudente para no demostrar ni un atisbo de sorpresa.
—Jefe.
Luciano dejó a Tessa jugando en uno de los sillones y se sentó en su silla, clavando una mirada oscura sobre su asistente.
—¿Qué demonios pasó? ¿Hubo un problema con los diseños? —preguntó Luciano sin rodeos, yendo directo al grano.
Sabiendo que su jefe estaba a punto de estallar de furia, Renato no se atrevió a andarse con rodeos.
—Modas del Río realizó hoy su evento de lanzamiento, y entre las prendas principales de su nueva colección, presentaron tres diseños que son idénticos a los nuestros para la próxima temporada.
Modas del Río era una empresa textil que había surgido de la nada en los últimos años. No era enorme, pero había crecido a buen ritmo.
Aun así, dado el inmenso poder del Corporativo Lara, jamás habrían considerado a una empresa tan pequeña como una amenaza, y mucho menos esperarían cruzarse con ellos de esta manera.
Que esos tres diseños hubieran sido presentados antes por la competencia significaba que su colección estaba arruinada. Todos los materiales invertidos y las prendas ya fabricadas no servirían para nada.
—¿De quién son esos tres diseños?
Luciano tamborileaba los dedos sobre el reposabrazos, con una expresión gélida.
—Son de Tais. Ya me comuniqué con ella y debería estar en camino.
Al escuchar ese nombre, la expresión de Luciano cambió drásticamente. Su instinto le decía que había gato encerrado en todo este asunto.
—Jefe, ¿usted cree que esto tenga algo que ver con... Tais? —preguntó Renato, armándose de valor.

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