Tessa volvió a negar con la cabeza en un gesto desinteresado.
—Entonces yo te las pelo.
La empleada pensó «¡Qué niña tan mimada!» para sus adentros, pero no detuvo el movimiento de sus manos y rápidamente peló un par de uvas para Tessa.
—Aquí tienes, pequeña, ya están peladas. Cómetelas.
Tessa miró las uvas peladas con absoluto asco y volvió a negar.
—Señora, ¿acaso no se estaba sacando los mocos hace un ratito con esos mismos dedos? ¡Esas uvas están llenas de mocos! ¿Cómo me las voy a comer?
Apenas soltó esas palabras, todos alrededor estallaron en carcajadas. La empleada, furiosa, fulminó a Tessa con la mirada.
—¡Ay, señora! ¡Se le van a salir los ojos! Qué miedo, se parece igualita al fantasma de una película de terror.
Tessa se tapó su carita con ambas manos, fingiendo estar aterrada, como si de verdad hubiera visto algo espantoso.
—Niña, ¿tú eres la hija no reconocida del señor Lara o qué? —preguntó otra empleada, ya sin poder ocultar su impaciencia.
—Señora, tiene todo el maquillaje corrido, igual que la señora de los ojos saltones de hace un momento. ¿Acaso están grabando una película de espantos?
—Señora, tiene la pancita muy grande, ¿está esperando un bebé?
—Señora, ¡usted se parece muchísimo a mi abuelita! Tiene las mismas arruguitas en los ojos.
—Señora, tiene la nariz gigante, ¡idéntica a la de un cerdito de los dibujos animados!
Tessa charlaba y sonreía alegremente rodeada de aquel grupo de empleadas, pero cada palabra que salía de su boquita era un dardo venenoso que las dejaba con expresiones descompuestas.
Lo peor de todo era que no usaba malas palabras. Con su carita de inocencia total y su vocecita dulce, parecía solo una niña tierna haciendo comentarios sueltos, ¡pero cada frase era una estocada directa al orgullo!
Las mujeres no podían darse el lujo de enojarse, o quedarían como unas inmaduras resentidas.
Después de todo, la niña no las había insultado abiertamente, así que ni siquiera tenían un pretexto válido para estallar.
Y lo más importante de todo: esta pequeña diablilla venía con el jefe en persona. Aunque las insultara de verdad, tendrían que aguantarse y sonreír.
Al ver las caras de estreñimiento de aquellas mujeres, que hervían de rabia pero no podían decir ni pío, Tessa por fin sintió que su buen humor regresaba.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi ex-marido me arruinó, volví con sus hijos