Apenas habían llegado y Gema ya le estaba pellizcando las mejillas tan fuerte que le dolían. Molesto por la muestra de afecto, Tiago soltó su dardo sarcástico sin ninguna piedad.
—¡Oye, enano insolente! ¿Por qué tienes que humillarme así en público? ¡Ven aquí, vas a ver lo que es bueno! —Gema se quedó entre la ofensa y la risa por el comentario del niño, e hizo el amago de atraparlo.
Pero Tiago era rápido. Corrió a esconderse detrás de las piernas de su madre y le sacó la lengua a la actriz.
—¡Jajaja! —Las dos mujeres estallaron en carcajadas.
—Tía Gema, estás entendiendo mal a mi hermano. Cuando dice que eres el sol del mediodía, se refiere a que tu carrera está en su punto más brillante, ¡iluminando a todos! —intervino Tessa con una sonrisa de ángel, salvando diplomáticamente a su gemelo.
—¡Ay, mi pequeña Tessa! Siempre con las palabras correctas. Talía, ¿qué les das de comer a estos dos? ¡Son una maravilla! —Gema los miraba completamente derretida de amor.
—¿Te gustan? —bromeó Talía con una carcajada—. Pues anímate y ten tus propios hijos.
—¡Ni loca! Con ver cómo te fue en tu matrimonio me quedaron cero ganas de... —Las palabras se le escaparon antes de poder frenarlas. Al darse cuenta de su indiscreción, Gema se mordió la lengua y miró a Talía con evidente culpabilidad.
Talía simplemente esbozó una sonrisa tranquila, sin darle importancia al desliz.
Gema tosió ligeramente para cambiar de tema.
—¿Ya fuiste a ver a tus padres? ¿Cómo están?

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