Después de cometer un error tan destructivo, no estaba dispuesta a equivocarse de nuevo.
Ahora tenía a sus hijos; ellos eran su prioridad. No le quedaba espacio para fantasías románticas, solo quería vivir en paz con su familia y cuidar de sus tesoros.
Pero para Pelayo, que por primera vez en su vida había encontrado a alguien que realmente le gustaba, rendirse ante un simple rechazo no era una opción.
Estaba convencido de que Talía simplemente no lo conocía lo suficiente. Cuando pasaran más tiempo juntos, ella vería sus virtudes y terminaría enamorándose de él. Tenía absoluta confianza en sí mismo.
—No importa si hoy me dices que no. He estado soltero todos estos años, así que paciencia es lo que me sobra. ¡Te prometo que haré que te enamores de mí!
—Haz lo que quieras, pero te aseguro que no busco nada con nadie. ¡Es mejor que te hagas a la idea!
Talía sentía que debía ser muy clara para no alimentar falsas esperanzas en él.
Lo que no sabía era que toda esa interacción estaba siendo observada meticulosamente por Luciano.
Como estaban lejos y el salón era ruidoso, él no podía escuchar de qué hablaban.
Pero al ver la sonrisa que Pelayo no podía borrar de su rostro, dedujo que estaban teniendo una conversación muy agradable y coqueta.
—Bien, damas y caballeros, el señor Montero ofrece cincuenta millones. ¿Hay alguna oferta mayor? Si no la hay... —el subastador aprovechó para retomar las riendas del evento e intentar calmar el alboroto.
—¡Cien millones de pesos!
Una voz profunda y escalofriante interrumpió al subastador.
¡Boom!
Con esa sola frase, el salón entero estalló en conmoción.
Toda la atención pasó rápidamente de Talía y Pelayo al rincón de donde provino la voz.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi ex-marido me arruinó, volví con sus hijos