—¿Seducir? ¿Con qué ojo me viste seduciéndolo?
—Si no viniste a coquetear con Luciano, ¿a qué viniste? ¡Aquí no eres bienvenida!
Esa era una forma muy clara de echarla.
—Ah, ¿estás segura? Porque no sé en calidad de qué, ni con qué autoridad, me estás pidiendo que me vaya.
—Soy la esposa de Luciano, la madre de Tello. Dime, ¿tengo o no tengo la autoridad?
Al decir esto, Jovita levantó ligeramente la barbilla, mirando a Talía con la actitud de una ganadora, con los ojos rebosantes de provocación.
—¿Esposa? Je, je…
Al escuchar esa palabra, Talía de repente soltó una risa baja.
—¿De qué te ríes? —Al ver su risa sutil, la arrogancia en el rostro de Jovita se desvaneció al instante y preguntó con voz chillona.
—No… de nada. Es solo que escuché que el presidente Lara no tiene esposa actualmente. ¿De dónde saliste tú entonces?
Talía lo hizo a propósito, para echarle sal en la herida. Con su atuendo y accesorios de ese día, su mera presencia ya intimidaba y superaba a Jovita.
Tal como esperaba, apenas Talía pronunció esas palabras, el rostro de Jovita palideció y, al segundo siguiente, se tornó rojo de furia.
—¿Quién… quién te está diciendo esas estupideces?

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