Al terminar de hablar, Talía esbozó una sonrisa de satisfacción, esquivó a Jovita y caminó hacia el interior de Corporativo Lara.
Jovita, negándose a dejarla pasar, se interpuso en su camino una vez más.
—¡Detente ahí!
—¿Ahora qué quieres?
La paciencia de Talía se estaba agotando. Tener que lidiar con algo tan molesto a primera hora de la mañana le arruinaría el humor por el resto del día. Ya estaba fastidiada.
—¡No puedes entrar!
—¿Y eso por qué? —Talía frunció el ceño, tamborileando los dedos inconscientemente para reprimir su irritación.
—¡Porque soy la Directora de Diseño de Corporativo Lara! ¡Si digo que no entras, no entras!
¿Qué importaba si no era la esposa de Luciano? Seguía siendo una alta ejecutiva en la empresa. Si ella le prohibía el paso, Talía no podría cruzar esa puerta.
Al pensar en eso, Jovita miró de reojo a los guardias de seguridad que estaban cerca y sonrió con frialdad.
—¡Guardias! ¡Echen a esta mujer que intenta infiltrarse para seducir al presidente Lara!
Naturalmente, los guardias de seguridad conocían a Jovita. Sabían que era la Directora de Diseño, por lo que estaban obligados a obedecerla.
De inmediato, varios hombres uniformados la rodearon.
—Señorita, por favor retírese. Este no es un lugar para usted.
—Ah… ¿De verdad planean echarme? —preguntó Talía sin prisas, lanzando una mirada cargada de ironía a la triunfante Jovita.
—Por supuesto, cualquier mujer que intente seducir al presidente debe ser expulsada. —Jovita fulminó con la mirada a los guardias que aún dudaban, endureciendo el tono—. ¿Qué están esperando? ¡Sáquenla ya! ¿O quieren que los despida?
Al escuchar eso, los guardias sintieron que sus empleos peligraban y comenzaron a presionar a Talía.
—Señorita, será mejor que se vaya. No nos haga el trabajo difícil.

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