—Está bien, ¡dame unos minutos!
Tras colgar, Talía volvió su atención hacia Luciano, mostrando su mejor sonrisa profesional.
—Por hoy terminamos. Espero que el presidente Lara proceda a implementar lo que acordamos. Volveré a mi oficina a enviarte unos borradores y seguiremos en contacto si hay ajustes que hacer.
Su objetivo de hoy era solo tantear el terreno y preparar el escenario para sus verdaderos planes. Ya que lo había logrado, no tenía la menor intención de quedarse a solas con él.
Luciano, en lugar de responder a la cuestión laboral, clavó sus ojos oscuros en ella y exigió saber:
—¿Quién te acaba de llamar?
El tono rígido y acusatorio hizo que Talía frunciera el ceño, claramente irritada.
Una sonrisa de pura ironía se dibujó en sus labios mientras lo miraba por encima del hombro.
—Con quién hablo por teléfono no es asunto suyo, presidente Lara, ¿o me equivoco?
—¿Era un hombre? ¿Era Pelayo Montero?
Ignorando su sarcasmo, Luciano siguió acorralándola.
Alcanzó a ver el nombre en la pantalla de su teléfono; estaba casi seguro de que decía Pelayo.
El humor de Luciano se desplomó al abismo. ¿Hasta qué punto había avanzado la relación entre esta mujer y Pelayo?
Renato había investigado el asunto y le había asegurado que no estaban juntos, ¿entonces por qué ese imbécil venía a buscarla hasta la puerta de su empresa? ¿Qué clase de relación tenían en realidad?
Sin molestarse en ocultar lo que pensaba, soltó la pregunta de golpe:
—¿Qué hay entre tú y Pelayo? ¿Ya están juntos?

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