—Tu papá ya despertó y se está recuperando, ¿por qué sigues tan preocupada?
Eso no era ningún secreto. El día que Talía prometió cenar con él y canceló a última hora, Pelayo investigó y supo que toda la familia había ido corriendo al hospital porque su padre, quien llevaba años postrado, había despertado de milagro.
Habiendo conocido a Tomás durante tantos años, Pelayo sabía perfectamente lo que le había ocurrido a la familia Blasco hacía cinco años. Por temor a remover malos recuerdos, prefería no hacer demasiadas preguntas.
—Sí, ya lleva medio mes despierto y su salud mejora cada día. Por él ya no me preocupo, es solo que... mi hermano y yo queremos recuperar la antigua Mansión Blasco, pero no logramos dar con el dueño actual. Eso me tiene frustrada.
—¿Y no es tan sencillo como ir a revisar al Registro Público?
—Ya lo hicimos, pero se niegan a decirnos algo.
—Para que el Registro Público cierre la boca de esa manera, el dueño no debe ser alguien común. Así que, el verdadero motivo por el que van a la gala benéfica de esta noche es para investigar sobre la mansión, ¿cierto?
Pelayo por fin lo entendió. Con razón le pareció raro que ella quisiera ir a un evento así. Normalmente, las personas con su estatus no asisten a esas galas en persona.
—Sí... —asintió Talía, sin ánimos.
—Llevamos más de quince días investigando y no tenemos ni una sola pista. Por eso estoy tan agobiada.
—No te desesperes, yo también le pediré a mis contactos que investiguen. Seguro lo encontramos. Te ves muy cansada, ¿por qué no duermes un rato?
—Buena idea.

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