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Mi ex-marido me arruinó, volví con sus hijos romance Capítulo 76

—¡Eres una cualquiera! ¡Una rompehogares! ¡Una descarada! —le gritó Jovita, perdiendo por completo la compostura y señalándola con el dedo.

—¿Rompehogares? ¿Descarada? Jovita, ¿estás hablando de mí o de ti misma? Dime, ¿quién fue la que se metió en medio cuando Luciano y yo aún estábamos casados? ¿Quién apareció embarazada antes de que siquiera firmáramos los papeles del divorcio? Han pasado cinco años, pero las porquerías que hiciste no se borran tan fácil. Si hablamos de ser una cualquiera y una descarada, tengo que admitir que me quedo corta a tu lado.

Talía le agarró con fuerza el dedo con el que la señalaba, se lo retorció levemente y luego la empujó con brusquedad.

Jovita trastabilló hacia atrás.

—No necesitas cuidarte de mí como si fuera una ladrona. Lo que es tuyo, será tuyo; pero lo que no te pertenece, por más que intentes retenerlo, se te escapará de las manos.

Esa frase iba dirigida a Jovita, pero era la misma lección que ella había tenido que aprender a la fuerza.

—¡Tú... ya verás! ¡Me las vas a pagar!

Hirviendo de rabia, Jovita la hizo a un lado y salió pisando fuerte.

Talía arqueó una ceja. «¿Cómo puede ser tan frágil ante una simple provocación? Con tanto coraje, hasta se va a enfermar».

Decidió no darle más importancia y lo tomó como un simple altercado.

Sin embargo, lo que ocurriría a continuación le enseñaría una valiosa lección: nunca te pelees con una mujer histérica en un baño público.

Porque si no, atente a las consecuencias.

Apenas Talía entró a uno de los cubículos y cerró la puerta, un balde de agua helada cayó desde el espacio abierto de arriba, empapándola de pies a cabeza.

Cuando abrió la puerta de un empujón y salió corriendo, solo alcanzó a ver el destello de una falda blanca desapareciendo por la entrada del tocador. Corrió para perseguirla, pero la puerta principal del baño se cerró de golpe frente a sus narices.

Talía tiró de la manija con todas sus fuerzas, pero no cedía. Alguien la había trancado desde afuera.

—¡Abre la puerta! ¡Jovita, sé que eres tú! ¡Abre ahora mismo!

Nadie respondió. El único sonido era el eco de unos tacones alejándose rápidamente por el pasillo.

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