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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 1009

Luego, Leonardo dirigió su mirada a la mujer deslumbrante que estaba a un lado.

Aterrada por la presencia del hombre, la mujer se quedó muda al instante.

Leonardo la analizó con sus ojos oscuros y gélidos.

—Y en cuanto a ti. Él ya tiene esposa. Si te engañó, más te vale terminar con esto ahora mismo para no salir perjudicada. Pero si te metiste de amante a sabiendas, entonces no me das ninguna lástima.

Con tantos ojos encima, la mujer no tuvo el valor de quedarse al lado de un hombre casado; de hacerlo, quedaría confirmada como una rompehogares.

La gente la haría pedazos con sus críticas.

La mujer dio media vuelta y salió corriendo, dejando a Ricardo completamente solo.

Ricardo ardía de indignación, pero no se atrevió a demostrarlo. Ese salvaje militar de Leonardo era capaz de matarlo a golpes si lo provocaba más.

Soportando las miradas de desprecio de todos los presentes, Ricardo huyó rápidamente del restaurante.

Esa misma noche, el video de Ricardo se volvió viral en internet.

No pasó mucho tiempo antes de que identificaran a la mujer que lo acompañaba. Fuentes cercanas revelaron que ella también estaba casada.

¡Y su esposo resultó ser un militar! El Cabo Manuel Montes, un soldado que defendía la frontera. La mujer se había negado a acompañarlo porque le parecía que la vida allí era demasiado austera y difícil.

Pero, incapaz de lidiar con la soledad, terminó revolcándose con Ricardo.

El escándalo tuvo un impacto gravísimo, especialmente porque involucraba a un soldado en servicio. Las redes sociales estaban indignadas, exigiendo una respuesta contundente por parte de las autoridades.

No podían permitirse decepcionar a los soldados que protegían al país ni a los ciudadanos indignados.

Esa misma noche, Ricardo fue arrestado bajo el cargo de destrucción de un matrimonio militar.

La verdad era que Leonardo ya había investigado la aventura de Ricardo con esa mujer.

Lo que no se esperaba era que coincidieran de manera tan fortuita esa misma noche.

En la sala de interrogatorios.

Ricardo intentó excusarse asegurando que ella lo había seducido y que él no tenía idea de que estaba casada, mucho menos con un militar.

Sin embargo, los investigadores no tardaron en confirmar que mentía.

Un vecino de la mujer declaró como testigo, afirmando que veía a Ricardo entrar y salir de la casa con frecuencia.

Además, los agentes confiscaron los videos de las cámaras de seguridad que probaban las visitas constantes de Ricardo.

—Kevin, Kevin... ¿dónde está mi Kevin? ¡Ayúdame, sálvame! —comenzó a buscar desesperada a su alrededor antes de encogerse en un rincón de la habitación.

—Me duele, me duele mucho, Kevin...

—¿A dónde te fuiste? ¿Ya no me quieres? Buuu... no me pegues, seré buena, haré caso...

...

Con Ricardo en la cárcel y Augusto detenido por las autoridades, Doña Rosa se quedó sola en la mansión, presa del pánico. Desesperada, no tuvo más opción que ir a buscar al vicepresidente Lampe.

Años atrás, cuando la familia Rojas y los Villarreal tuvieron un conflicto, fue precisamente el vicepresidente Lampe quien intervino para pacificar las cosas.

Esa fue la razón por la que los Rojas habían tolerado a los Villarreal todo este tiempo.

El vicepresidente Lampe recibió a Doña Rosa, la escuchó llorar con paciencia y le ofreció un pañuelo.

—Señora, el favor que me pide es imposible de conceder.

Doña Rosa dejó de llorar y preguntó, incrédula:

—¿Por qué dice que es imposible? ¡Seguro fue esa cualquiera la que sedujo a mi niño! Él también es una víctima. Lampe, no se le olvide la promesa que le hizo a mi esposo. ¡Él fue quien lo sacó de un montón de cadáveres para salvarle la vida!

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