Entrar Via

Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 1008

Leonardo dirigió su mirada hacia la hermosa mujer.

—Tus amoríos y aventuras con esta señora son asunto tuyo. En eso no me voy a meter.

Aunque Leonardo afirmaba que no se iba a meter, su tono de voz no disminuyó en lo absoluto.

Todos los que estaban cerca lo escucharon perfectamente.

Ricardo estaba casado, pero andaba exhibiéndose con otra mujer, engañando a su esposa en pleno público...

Ricardo explotó de rabia:

—¡Ella es mi hermana!

Leonardo soltó una carcajada.

—¿Tu hermana no es Yara Villarreal? ¿O te refieres a que es tu 'amante' con trato de hermanita?

—¡Leonardo!

Ricardo estaba furioso, pero sabía que pelearse con Leonardo ahí mismo no le traería nada bueno. Agarró a la mujer y se dio media vuelta para irse y comer en otro lado.

Sin embargo, Leonardo estiró el brazo y le agarró el hombro con fuerza.

—¿Quién te dio permiso para irte? —dijo con voz sombría.

La mano de Leonardo parecía estar hecha de hierro, sujetándole el hombro con firmeza. Ricardo intentó soltarse para huir, pero le fue imposible.

—¡¿Qué demonios quieres?! —le gritó Ricardo, volteando la cabeza con rabia.

Con un movimiento rápido y sin esfuerzo, Leonardo lo hizo girar para que quedara frente a Nerea.

—Ya que nos conocemos, Ricardo, te daré dos opciones. Una: enfrentar a la justicia por acosar a la esposa de un oficial y terminar en la cárcel. Dos: pedir disculpas ahora mismo y con sinceridad.

La multitud a su alrededor se quedó boquiabierta.

—Ese tipo no solo engaña a su esposa, ¡sino que también acosa a la esposa de un oficial!

—Con esa cara de pervertido que tiene, se nota que no es nada bueno.

—Qué inútil, ni siquiera puede zafarse de él.

...

En su mente, Ricardo estaba insultando a Leonardo, a su familia y hasta al cielo y la tierra.

Pero era inútil resistirse. Dada la situación, tendría que disculparse, quisiera o no.

Ricardo murmuró entre dientes:

—Lo siento.

—Nere, ¿aceptas su disculpa?

—Siento que el joven Villarreal no fue nada sincero —respondió Nerea.

Al oír esto, Ricardo levantó la vista hacia Nerea. Con los ojos aún rojos y llenos de odio, escupió:

—¡Nerea Galarza, no te pases de lista!

Leonardo le dio un zape en la cabeza.

—¡Ten más respeto cuando le hables a mi esposa! Si fueras uno de mis soldados, ya te habría mandado a confinamiento solitario.

El golpe de Leonardo no pareció fuerte, pero cuando aterrizó en la cabeza de Ricardo, resonó como si le hubiera dado con una piedra.

Ricardo soltó un grito ahogado de dolor; se le nubló la vista y estuvo a punto de caer de rodillas.

—¿No sabes cómo pedir perdón? —le preguntó Leonardo—. ¿Quieres que te enseñe?

Nerea intervino:

—Déjalo, Leo. No eres su padre, no tienes por qué enseñarle modales. Además, se nota que no está arrepentido de verdad. Esperemos a mañana a ver qué dice su padre.

Leonardo por fin soltó a Ricardo.

—Lárgate a tu casa a pensar en lo que hiciste.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio