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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 1028

Sofía tomó la bolsa de papel y de inmediato se la acercó a Emilio. —¡Ten, Emilio, para ti!

Al ver cómo los dos niños siempre se procuraban el uno al otro, el corazón de Nerea se llenó de ternura.

Sofía abrió la bolsa y soltó un grito de pura emoción.

—¡Fideos picantes!

Afuera de la escuela solía haber varios puestos de comida rápida. La última vez que pasaron, Sofía los vio y se le antojaron, diciendo que todos sus amiguitos del salón los habían probado y ella no quería quedarse atrás.

Esa vez, Nerea le compró una porción pequeña para que se quitara el antojo.

Sin embargo, tanto a ella como a Leonardo les preocupaba la higiene de esos puestos callejeros.

Así que Leonardo, aprovechando sus ratos libres, buscó un tutorial en internet para aprender a preparar fideos picantes caseros.

Como ya tenía buena sazón, le agarró el hilo de inmediato. Le salieron perfectos al primer intento, y el sabor no le pedía nada a los que vendían en la calle.

Cuando subieron al auto, Sofía miró a Nerea con ojos suplicantes. —Mamá, ¿puedo ir comiendo en el camino?

Nerea asintió con una sonrisa. —Adelante, cómetelos.

...

Por la noche, al llegar a casa, Leonardo se metió a la cocina a preparar la cena, mientras Sofía, pegada a la barriga de Nerea, le platicaba a la bebé todas sus aventuras del día.

—Hermanita, soy tu hermana mayor, Sofía. ¡Ya regresé de la escuela! Mientras Emilio estaba en clase, yo terminé todos mis ejercicios, ¿a poco no soy súper rápida? ¡Ándale, dime que soy la mejor hermana del mundo!

El vientre de Nerea se movió ligeramente, como si respondiera.

—¡Wow! ¡Mamá, me contestó! ¡Me dijo que soy súper inteligente! Cuando nazca, tiene que ser tan aplicada como yo.

Con los ojos brillando de fascinación y sin despegar la vista del vientre, Sofía continuó emocionada: —Bebé, hoy me enseñaron una canción nueva en el kínder, está padrísima. Te la voy a cantar.

—En el jardín de mi casa, florecen mil colores, cada flor es un amigo, llenando el día de amores...

La dulce y afinada voz de la niña inundó la sala, mientras Sofía daba pequeños saltos de baile.

Desde la cocina, un olor delicioso a estofado comenzó a abrirles el apetito.

Los últimos rayos del sol se colaban por los ventanales de la sala. En ese preciso instante, Nerea experimentó un nivel de paz y felicidad que jamás había imaginado.

—¡A cenar! —anunció Leonardo, colocando la gran olla de estofado humeante en el centro de la mesa—. Sofi, ve a avisarle a tu hermano.

En cuanto llegaron a casa, Emilio se había encerrado en su cuarto para hacer la tarea.

Sofía subió las escaleras a toda velocidad, empujó la puerta de su cuarto y asomó la cabeza. —Emilio, ¿ya acabaste? ¡Ya está la cena!

—¡Sí, ya voy! —respondió Emilio, escribiendo los últimos trazos a la velocidad de la luz.

Capítulo 1028 1

Capítulo 1028 2

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