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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 1029

Afuera, el cielo estaba teñido de un negro absoluto, iluminado por relámpagos furiosos y sacudido por truenos ensordecedores. La lluvia caía a cántaros, golpeando los cristales como si el fin del mundo hubiera llegado, provocando un terror que helaba la sangre.

Uno a uno, los compañeros de clase se habían ido, y al final, la única que quedó en el salón fue Patricia.

Llevaba puesto su uniforme escolar azul con blanco, el cabello recogido en una impecable cola de caballo y un pasador con forma de cerezas que le daba un toque adorable.

La maestra de guardia se acercó y le preguntó con dulzura: —Patricia, ¿quieres que la maestra le llame a tu mamá por teléfono?

Patricia lo pensó por un momento y negó con la cabeza. —Seguro viene tarde por culpa de la lluvia y el tráfico. Además, como tiene a mi hermanito en la panza, no puedo meterle prisa. No pasa nada si espero un ratito más, así aprovecho para terminar mi tarea.

La maestra le regaló una sonrisa llena de ternura. —Muy bien, entonces me quedo contigo. Si tienes alguna duda, me preguntas, ¿de acuerdo?

Patricia le agradeció, regresó a su pupitre, sacó sus libretas de la mochila y se sumergió en sus deberes en absoluto silencio.

Pasó una hora, pasaron dos... y luego tres...

Patricia ya había terminado su tarea y hasta repasado las lecciones del día siguiente, pero seguía sin aparecer nadie.

Volvió a mirar hacia la ventana; el cielo seguía rugiendo como una bestia salvaje, soltando una tormenta inclemente. Una inquietud asfixiante comenzó a oprimirle el pecho.

¿Por qué su mamá no llegaba?

¿Y si tuvo un accidente por culpa de la lluvia?

El simple pensamiento hizo que a Patricia se le helara la sangre y su pequeño rostro palideciera.

Apretó los labios, lo pensó un par de segundos y decidió marcarle a su mamá.

Pero el teléfono sonó y sonó hasta que se cortó solo, sin que nadie respondiera.

La angustia en el pecho de Patricia creció como espuma.

Su mamá nunca, jamás, dejaba de contestarle el teléfono.

El pánico se apoderó de ella, dejándole los labios completamente blancos mientras su pequeño corazón latía a mil por hora.

Llamó al teléfono de la casa. Sonó durante una eternidad y de nuevo, nadie contestaba.

Justo cuando estaba a punto de colgar, alguien descolgó del otro lado de la línea.

—¡Mamá! —gritó Patricia de inmediato.

—Señorita Patricia... soy Laura... Su mamá... la señora... algo terrible pasó.

Capítulo 1029 1

Capítulo 1029 2

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