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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 1049

Al ver acercarse a Patricia, Renata se tensó, temiendo que revelara que había obtenido el primer lugar de la generación.

De inmediato, se colgó del brazo de Felipe con actitud mimada. —Papi, ¿me llevas a ver los fuegos artificiales? ¡Quiero ir!

Felipe la miró embelesado. —Claro, claro, mi amor. Papá te lleva.

—¿Podemos ir ahorita mismo?

—Lo que tú digas, mi cielo.

Marisa intervino con tono coqueto: —No la malcríes tanto, se va a volver caprichosa y rebelde.

Felipe rodeó los hombros de Marisa. —Es nuestra hija, claro que voy a consentirla.

—Papá, te quiero. —Mientras lo decía, Renata le lanzó a Patricia una mirada furtiva, cargada de triunfo.

El mensaje era claro: *¿Ves? Papá solo me reconoce a mí como su hija. Tú no eres nadie, lárgate de aquí y deja de molestar.*

La familia de tres se dio la vuelta, sonriendo y derrochando felicidad.

Pero al notar a Patricia de pie a un lado, como un fantasma silencioso, Felipe frunció el ceño y su sonrisa se borró de golpe.

Renata, por el contrario, estaba encantada.

Fingió ser amable y la invitó a ir con ellos.

Felipe, irritado, gruñó: —¿Para qué va a ir? Siendo la mayor, ni siquiera es capaz de sacar mejores notas que tú. Que se quede en casa estudiando, no va a ir a ninguna parte.

Patricia sintió un frío helado en el pecho, pero sus ojos oscuros brillaban con una terquedad inquebrantable. —¿Que no soy capaz de sacar mejores notas que ella? ¿Siquiera preguntaste qué lugar obtuve?

Felipe ya la detestaba, y verla desafiarlo con esa mirada intensa lo enfureció aún más.

Respondió con desdén: —No necesito preguntar. Tu hermana quedó en segundo lugar. ¿Qué, me vas a decir que quedaste en primero?

Históricamente, el primer lugar siempre se lo llevaba Mauricio Valente.

Patricia lo había descubierto por accidente hace unos días.

Con razón Renata había subido tanto de nivel. En los exámenes parciales había llegado al tercer lugar.

Y todo era porque había conseguido las pruebas y memorizado las respuestas.

—¡Patricia, qué estupideces estás diciendo! —Marisa la interrumpió con furia, perdiendo su máscara amable—. ¿Cómo te atreves a difamar a tu hermana de esa manera?

—Patricia, no quería decir nada, pero ya que difamas así a Renata, no me dejas opción. Te pasaste meses en cama sin ir a la escuela. ¿De verdad esperas que creamos que pudiste sacar el primer lugar limpio? ¿Quién fue la que hizo trampa? ¡Tú sabes perfectamente lo que hiciste!

¡Zas!

Una fuerte bofetada resonó en la sala. La mano de Felipe había golpeado sin piedad el rostro de Patricia.

—Muy bien, Patricia. No solo eres una mentirosa que difama a su hermana, sino que también haces trampa en la escuela. Veo que si no te corrijo ahora, te perderás para siempre. —Mientras hablaba, Felipe sacó su teléfono y marcó un número.

Con una voz cargada de una frialdad absoluta, ordenó: —Preparen todo, les enviaré a alguien.

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