Renata, con el rostro ensombrecido, dio un paso adelante y levantó la mano.
¡Plaf!
El golpe hizo girar el rostro de Selena y dejó la marca roja de una mano plasmada en su piel pálida como la nieve. Con los ojos llenos de lágrimas a punto de derramarse, daba mucha lástima.
—Eres una zorra desvergonzada. Te aconsejo que te alejes de Felipe ahora mismo. Si te atreves a seguir buscándolo, mandaré a destruir tu tienda y luego acabaré contigo.
—¿Con quién vas a acabar?
Era Felipe Quiles. Su voz no era estruendosa, pero sí cargada de autoridad.
Entró en la florería con pasos firmes y un gesto severo. Al ver a Selena, su expresión se suavizó y preguntó con cariño: —Selena, ¿estás bien?
Selena negó con la cabeza de forma conmovedora y dijo con dulzura: —Estoy bien. Por favor, habla con ella con calma, no te enojes.
Selena era de figura esbelta, con un rostro hermoso, modales suaves y una voz tan melodiosa que calaba profundo en el corazón de cualquier hombre.
A Felipe le dolió aún más verla así. —Tienes la cara marcada y aun así la defiendes.
Selena esbozó una ligera sonrisa: —No quiero causarte problemas, ni ponerte en una posición difícil, y mucho menos quiero verte triste.
Renata estaba a punto de estallar de la furia. Apretó los puños y gritó: —¡Papá! ¡¿Cómo puedes tratar así a mamá?!
El grito de Renata fue tan agudo que lastimaba los oídos. Felipe frunció el ceño y la miró: —¡Discúlpate!
—¿Qué dijiste? —Renata abrió los ojos de par en par, incrédula.
Felipe siempre la había consentido. No entendía en qué momento las cosas habían cambiado. Tal vez desde que su madre empezó a estar muy ocupada con el trabajo, desde que las discusiones en casa se volvieron constantes o desde que él dejó de ir a dormir a la casa.
—¡Papá! —exclamó Renata, mirándolo con dolor y furia.
—¡He dicho que te disculpes! —Felipe la miraba fijamente, con los ojos ensombrecidos y sin una pizca de afecto.
El rostro de Renata se puso pálido de la rabia y gritó con todas sus fuerzas: —¡No me voy a disculpar! ¡Jamás me disculparía con una amante! Me decepcionas, papá.

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