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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 1086

Hacía mucho tiempo que Patricia consideraba a Donad como de su familia.

—¡Yo estaré bien, salven a Donad primero!

Dos guardaespaldas corrieron hacia allá, dejando solo a dos para cubrir la retirada de Patricia.

Pero en ese preciso instante, un automóvil a toda velocidad arremetió brutalmente contra la multitud, embistiendo y lanzando por los aires a los dos guardaespaldas.

Patricia estaba tan cerca que sintió que al segundo siguiente las llantas le pasarían por encima.

Abrió los ojos desmesuradamente por el pánico. Era la primera vez que sentía la muerte tan cerca. Tan cerca que se olvidó de respirar y de todo lo demás. Lo único que cruzó por su mente fue la frustración de que iba a morir sin haber culminado su venganza. Qué injusto.

Justo en esa fracción de segundo, una figura rápida como un relámpago se abalanzó sobre ella, atrapándola y esquivando el vehículo por apenas unos milímetros.

Enrique la protegió hasta ponerla en un lugar seguro.

—Jefa, ¿está bien?

Patricia, con el rostro más pálido que el papel y el corazón desbocado, aún tenía la mirada desenfocada. Negó con la cabeza.

Los oscuros ojos de Enrique seguían fijos en ella: —¿De verdad está bien?

Patricia se clavó las uñas en las palmas de las manos. El dolor la ayudó a recobrar la compostura y esbozó una leve sonrisa: —De verdad estoy bien. ¿Podrías regresar a ayudar a Donad?

Enrique asintió.

—Ten cuidado —le advirtió Patricia, sin quitarle los ojos de encima mientras él se alejaba.

Las habilidades físicas de Enrique eran excepcionales. Corría a una velocidad sorprendente y poseía una fuerza descomunal. Logró cargar a Donad en un hombro y a uno de los guardaespaldas heridos en el otro, como si no pesaran más que figuras de cartón.

Y aun con el peso de dos adultos, se movía como el viento, regresando frente a Patricia en un abrir y cerrar de ojos.

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