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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 702

Además, los girasoles tenían otro significado: un amor silencioso.

Le quedaba como anillo al dedo, ¿no es así?

El sonido de una notificación interrumpió sus pensamientos.

Cristian había recibido un mensaje.

Agarró su celular y lo abrió; era un video que le había mandado Ulises.

Lo primero que se veía en la pantalla era el ramo de girasoles.

Luego, la cámara giraba hasta enfocar el rostro de Nerea.

Llevaba puesta una bata de hospital azul, lucía muy delgada y tenía un semblante pálido y demacrado.

Sin embargo, había un brillo de alegría en sus ojos cuando miró hacia el lente.

Parecía como si le estuviera sonriendo a él a través de la pantalla.

En ese instante, la expresión de Cristian se suavizó.

Tomás observó a su jefe con curiosidad.

Desde que el señor Vega había regresado de Estados Unidos, se había vuelto mucho más frío y distante.

Hablaba poco y desprendía un aura inalcanzable.

Tras ver el video, Cristian le contestó a Ulises:

[Cuida mucho a tu mamá.]

Ulises: [Ya sé, papá. No te preocupes. Yo me encargo de cambiarle el agua todos los días a las flores que le mandaste.]

Cristian: [De acuerdo, pero no le digas a tu mamá que fui yo. Si pasa algo, márcame.]

***

En la sala de juntas del Grupo Santillán.

El personaje del nuevo videojuego que la empresa estaba desarrollando había sido lanzado antes por la competencia, y los diseños eran idénticos en un ochenta por ciento.

Se trataba de un caso de espionaje corporativo gravísimo.

El ambiente en la sala de juntas era denso y tenso. Incluso Liam, que siempre se caracterizaba por su buen carácter, estaba furioso.

El directivo a cargo estaba explicando las posibles soluciones.

Era evidente que habían improvisado el plan de contingencia al vapor; estaba lleno de huecos y se notaba hecho al ahí se va.

Liam frunció el ceño, proyectando una presencia intimidante que dejaba claro lo insatisfecho que estaba.

Justo cuando el directivo pensó que le iba a llover una buena regañiza, la pantalla del celular que Liam había dejado sobre la mesa se iluminó. Entraba una llamada.

Era de su hermana, Martina Santillán.

Liam se recargó en su escritorio, mirando en dirección a Puerto Rosales.

—No, acaba de despertar y necesita descansar bien.

Acababa de salir de una situación crítica, por lo que era normal que se agotara rápido tanto física como mentalmente.

Si él iba de visita, ya fuera por cortesía o por la relación actual entre sus familias, ella se vería obligada a hacer un esfuerzo para atenderlo.

No quería causarle esa fatiga.

***

Una semana después, en la habitación de Nerea.

Valentina Encinas llegó al hospital acompañando a la abuela Encinas para visitar a Nerea.

Al ver a la abuela Encinas, a Doña Belén le dieron ganas de echarla a patadas ahí mismo, pero como Álvaro estaba presente, tuvo que tragarse el coraje.

—¿Mamá? ¿Qué haces aquí? —le preguntó Álvaro.

La abuela Encinas lo miró con fingido reproche.

—Ay, qué cosas dices, hijo. Somos familia, claro que vine a ver cómo sigue mi Nere.

Toda la familia Galarza la miró con desconfianza.

No se tragaban ese cuento; esa mujer nunca daba paso sin huarache.

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