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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 714

El doctor Márquez le arrebató el formulario de las manos. Su sonrisa había desaparecido por completo y su voz sonaba fría.

—A mayor puntuación, peor es el problema psicológico.

Al oficial casi se le cae la mandíbula de la impresión. Lo miró incrédulo.

—¿Cómo es posible? Todas las respuestas que eligió son las correctas.

—Ese es exactamente el problema. Son las correctas.

El doctor repasó en su mente lo que acababa de presenciar en la habitación.

Cuando mencionó los nombres de Leonardo y Nicolás, era evidente que el mundo de Nerea se estaba desmoronando, pero aun así, se las arregló para elegir las respuestas perfectas en el test.

¿Qué significaba eso?

Significaba que estaba actuando.

Estaba reprimiendo toda su angustia, su dolor y su tristeza, esforzándose desesperadamente por aparentar que todo estaba bien, que era una persona normal.

Pero cuanto más se esforzaba por ocultarlo, más grave era su condición.

Asustado, el oficial tomó al doctor del brazo.

—Doctor Márquez, es usted un experto de primer nivel, tiene que curarla a como dé lugar. Los generales Carballo y Vaca nos dieron órdenes estrictas sobre su bienestar.

El doctor se soltó con suavidad y se alisó la manga arrugada del abrigo.

—Haré lo que pueda. Es un caso muy complicado. Padece de hipertimesia, tiene un coeficiente intelectual elevadísimo, unas defensas emocionales impenetrables y una fuerza de voluntad aterradora. Son los pacientes más difíciles de tratar.

—Pero usted es el gran doctor Márquez, no hay paciente que se le resista. Échele ganas, por favor.

***

Dentro de la habitación, la luz era tenue.

Álvaro roncaba suavemente en el catre de acompañante.

Nerea abrió los ojos en silencio. Le dolía la cabeza a horrores y no lograba conciliar el sueño.

Afuera, los primeros copos de nieve comenzaban a caer. Nerea sacó un cordón rojo que llevaba colgado al cuello por debajo de la ropa.

Ella misma había tejido ese cordón después de despertar, y de él pendía un rosario de esmeraldas.

Cerró la mano alrededor del rosario y giró el rostro hacia la ventana.

—Leo, está nevando. ¿Dónde estás?

Hacía unos días, doña Salomé había ido a visitarla.

Nerea se había hecho la dormida y escuchó cómo doña Belén le preguntaba en susurros si ya había noticias de Leonardo.

Doña Salomé había respondido que aún no lo encontraban.

Pero por el tono de la conversación, todo indicaba que había una alta probabilidad de que siguiera con vida, solo que su paradero era un misterio.

Capítulo 714 1

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